Viene el lobo … viene el lobo … viene la reforma tributaria

Volvemos a escribir sobre impuestos y está vez con un sabor a propuesta.  Lo que sí es cierto es que el pastorcillo del cuento quedó ante su comunidad como un simple falsario, pero los hechos le dieron la razón. En nuestros tiempos, por el lado de la oposición, el MNR promovió un comunicado público que advertía a los bolivianos de un fuerte incremento de la presión fiscal para la gestión 2005, lo cual fue desmentido por el Ministro de la Presidencia, y por el lado del oficialismo el Ministro Grebe desmentía al Viceministro de Política Tributaria sobre la creación de un impuesto sobre los salarios diseñado para el próximo año.  El hecho de que alguien este diciendo mil mentiras no debe significar de que algún día diga una verdad; o viceversa.

Como manda la Constitución Política del Estado (CPE), el Presidente Mesa presentó al Legislativo, dentro de las treinta primeras sesiones ordinarias de la gestión 2004-2005, el proyecto de ley de Presupuesto General de la Nación (PGN).  En este proyecto se podía leer claramente un incremento en los ingresos fiscales por concepto de tributos a través de los itemes “reforma tributaria” y “creación de nuevos impuestos”.

Lo que en realidad pasó es que el Congreso recibió el proyecto de ley del PGN, pero ni en los 60 días siguientes a su recepción pudo ser considerado, debido a que los representantes nacionales estaban enfrascados en el debate nacional de la Ley de Hidrocarburos, desoyendo el grito del Presidente que anunciaba la llegada de los impuestos y la reforma tributaria para el año 2005.  Cuando todo estaba casi listo para el receso por las elecciones municipales, los senadores y diputados se dieron cuenta que se había producido la fatal previsión constitucional.

La CPE indica que si en los 60 días siguientes a la recepción del proyecto del PGN no es aprobado, éste tendrán fuerza de ley.  Ahora y por un tecnicismo constitucional el PGN proyectado por el Presidente Mesa es una Ley de la República y queda que lleguen los primeros meses del próximo 2005 para ver cuales serán las reacciones políticas ante las propuestas de reforma.  Al igual que la propuesta imposible del ITF, así se derivó en un impuesto firme.

Estas hipótesis no se pueden igualar con los acontecimientos de febrero de 2003, cuando el Presidente Sánchez de Lozada propuso la creación del impuesto sobre los salarios y tuvo que soportar el complot del MAS y el NFR para derrocar su gobierno.  Si llegará a proponerse al Congreso la creación de un impuesto maquillado que grave a los salarios, más rápido que instantáneamente, la instancia legislativa aprobará el proyecto del Presidente, porque sencillamente los diputados y senadores para los primeros meses de 2005 estarán inmersos en otro debate urgente que es el Asamblea Constituyente. Mucho más importante y también urgente, que cualquier asunto simple relacionado con el déficit fiscal.  Además y ahora, nadie está interesado en derrocar a este gobierno, salvo algunos fantasmas que aparecen en cualquier esquina.

Por ese motivo, desde esta columna y hace más de un año, es que estamos insistiendo que cualquier reforma tributaria, pasa por adscribir al país en la nómina de los países civilizados que generan fondos fiscales, equitativos y proporcionales, a base del impuesto sobre la renta de las personas naturales (físicas), que en Bolivia existe bajo el malsano rótulo del RC-IVA, que efectivamente no es más que un dolor de cabeza para quienes pagan este tributo y para quienes lo recaudan.

¿Cómo procedemos?  Simple, ……. extrapolamos a todas las personas naturales, empresarios unipersonales y profesionales liberales del IUE (anual) y los adherimos a las personas en relación de dependencia que ahora están sujetos al RC-IVA (mensual), más los comerciantes minoristas, los transportistas y los agricultores; y a todos les aplicamos un solo impuesto anual sobre sus rentas provenientes del ejercicio empresarial o profesional, la inversión de capital, el trabajo o de la aplicación conjunta de estos dos últimos factores. Además les otorgamos las ventajas relacionadas con los descuentos por gastos necesarios para el mantenimiento de la fuente, y otros gastos razonablemente deducibles por salud, educación, vivienda, vestido, servicios básicos y alimentación, entre otros.

Sencillamente transformamos el IUE en el Impuesto sobre las Utilidades de Sociedades y otras Personas Jurídicas y por otro lado, nos libramos de los regímenes especiales (Régimen Tributario Simplificado, el Sistema Tributario Integrado y el Régimen Agropecuario Unificado) y eliminamos también el IT y el RC-IVA.  Especialmente este ultimo tributo que ha generado una desenfrenada defraudación de tributos y la industria de las facturas falsas y clonadas, cuyas secuelas las podremos confirmar por lo que queda de los próximos cinco años.  Ni hablar de los regímenes especiales y su escandalosa relación con la evasión abierta y consentida. Estas son algunas propuestas de reforma tributaria que merecen simplemente la atención de quienes ayudan al Presidente en el tema de los impuestos, y que bien podrían ser usadas para ponerle color a la piel del lobo que, sin duda, se viene.

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