$us. 50.000 o inversión productiva

4 de enero de 2004. El Presidente Mesa nos dijo que el problema del déficit fiscal era muy crítico y que el país tenía que asumir una línea de austeridad, una línea de sacrificio con equidad.  Dijo que cuando se pide sacrificio al país, en realidad se carga la parte más fuerte sobre la gente más pobre, y para evitar esto decidió trabajar en medidas que afecten a quienes tienen más, pueden aportar más, y han tenido -por diferentes razones- mayores privilegios, incluidos los corruptos y sus palos blancos. Y propuso la creación del Impuesto sobre el Patrimonio Neto (IPN) y el Impuesto a las Transacciones Bancarias (ITB).  Así se salvo el sistema económico y la popularidad del primer mandatario a costa de la división mucho más profunda entre los que tienen más $us. 50.000 o menos.

Conclusión vehemente:  Necesitamos crecer y no “cuidar” el déficit fiscal del Gobierno.  Punto.

El infinito rosario de expresiones y manifestaciones institucionales de los empresarios sólo han demostrado que el pedido de auxilio que hicieron por los efectos nocivos provocados con la crisis económica no había sido más que la solicitud para soltar la soga fiscal que presiona y detiene el crecimiento productivo.  Todas las empresas bolivianas que han quebrado en este último tiempo han incubado y emprendido la idea de crecer, pero el Fisco ha ignorado su desarrollo.

Para mi gusto el mensaje presidencial es inmoral.  No se puede pedir sacrificio con el IPN a los que más tienen y al mismo tiempo promover que el Estado compre productos bolivianos, previamente gravados con impuestos que presionan hasta la quiebra a la industria boliviana (IVA, IT, IUE).  Peor, si el mismo Gobierno sabe que todo esto conduce a la recesión.  Sólo hay que incentivar el crecimiento, bajar los impuestos y evitar peores tributos.

Los inversionistas o empresarios, honestos y escrupulosos, están soportando una presión fiscal tan fuerte que los ha colocado en la disyuntiva de escapar del país o quebrar con dignidad.  Con esta imagen y el IPN, sólo se espera su extinción.

El temor más pesimista durante estos últimos 18 años de vida de la Ley 843 fue que se creen nuevos impuestos que impidan la inversión destinada al crecimiento productivo y laboral de la Nación.  En los hechos ese temor se concretó con el IPN y el ITB, y se logró atemorizar a aquellos que el Presidente Mesa quiere que aporten más.

Sólo hay que esperar los resultado de 2004 para conocer el premio para los que apoyaron y contribuyeron con el IPN y el ITB, cuando gracias a este pago fiscal se logró el propósito del Presidente: la reducción del déficit.  ¿Qué incentivo se les dará? Lo que pasa es que con “creatividad” se ha impulsado obligatoriamente a los ciudadanos a escoger entre arriba o abajo, ir a la derecha o la izquierda, dirigirse adelante o atrás. Al Presidente hay que decirle que estaba en lo cierto cuando decidió no tomar medidas tributarias que afecten a los más pobres, porque alguien le dijo que lo mejor que se puede hacer por los más pobres es no ser uno de ellos.

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