Unidad Nacional, el factor de la discordia

Desde que el Gobierno abruptamente aprobó la nueva Constitución Política del Estado con la ayuda de Unidad Nacional (UN) y seguramente a base de transacciones opacas, las experiencias de división y falta de acuerdo entre la oposición no han sido pocas, y todo gracias a las muchas actuaciones improvisadas de UN en el escenario político fomentando la división y la fractura. Allá por 2009, antes de las elecciones municipales, ya advertí y por escrito que el frente opositor Todos Por Cochabamba, creatura de UN, terminaría volando en mil pedazos y todos sus operadores engrosando las filas del oficialismo o favoreciendo sus objetivos. Así fue.

Al fin, y luego de una serie de honestas advertencias, los opositores entendieron que en sus coaliciones nunca debieron participar los que fungen como cómplices del Gobierno; entonces todos los elementos me permiten confirmar que el éxito de la agrupación política que llevó a José María Leyes a la Alcaldía de Cochabamba, no se debe tanto al carisma del líder o al trabajo de sus operadores en la campaña electoral, todo se debe a que Leyes decidió alejarse unilateralmente y romper un anterior consorcio que sostenía con los dirigentes regionales de UN, constituyéndose este en el primer factor exitoso de su agrupación. El segundo factor ya se dio por casualidad, cuando Rebeca Delgado al ser ilegalmente anulada por las autoridades electorales como candidata a alcaldesa y ante las actitudes poco transparentes de su aliado, el líder de UN en Cochabamba, es que se aleja y se dirige con todos sus simpatizantes a ofrecer su apoyo coyuntural al frente de José María Leyes, fortaleciendo de esta manera la presencia opositora en las elecciones municipales, independientemente de cualquier afinidad ideológica y programática uniforme que pudiere existir.

Sólo basta imaginar que hubiera acontecido si Rebeca Delgado permanecía asociada con UN, a través del frente ÚNICO, simplemente hubiera logrado entre un 20 y 25% de los votos, sólo superada por Leyes con un 30%, resultando muy clara la división entre candidatos opositores; y por supuesto, el MAS hubiera terminado conservando la alcaldía de Cochabamba con un 36 o 39 %, repitiendo la votación que logró en las elecciones de 2010. Entonces queda claro que las alianzas políticas lograrán el éxito siempre que no estén contaminadas con el “factor Unidad Nacional”. Para muestra un botón: la agrupación de Leyes, incluso ha resultado empática no sólo para la ciudadanía, sino también para el 10% de los propios masistas que han preferido votar por Demócratas que por el candidato de su propio partido.

Por eso me parece ilógico e inmoral que el candidato derrotado, Lucio González, culpe de su fracaso electoral al ex alcalde Edwin Castellanos y a su pésima gestión edilicia, sin identificar un referente mejor. Los masistas, en sana razón, deberían imputar públicamente como principal culpable a UN, su cómplice encubierto dentro la oposición, porque no cumplió su compromiso turbio de desunir y fragmentar. Ya nadie cree ni confía en UN y sus líderes sombríos, menos los que soportaron el sabor agrio que han dejado sus alianzas. Por eso me quedo con lo que dijo Alejandro Almaraz, candidato a gobernador de Cochabamba, respecto de estas personas que tienen “una condición ética absolutamente reñida con la que es indispensable para construir un futuro político distinto para nuestro país”. Así es.

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