Un largo año 2010 para la clase media

Durante el año 2009, intimamos con el nuevo estado plurinacional comunitario, terminamos con la república y culminamos la transición política más fácil que se experimentó en la historia, sin oposición que se precie. Como siempre, la clase media boliviana ha depositado grandes esperanzas en 2010, año que trae un sinfín de experiencias novedosas que animarán o desalentarán ese tránsito por el camino desconocido que representa el primer año del primer gobierno masista de verdad, sin caretas y sin límites. Como nunca, esta clase social está obligada a emplear la suficiente cantidad de tiempo y de energía, para respirar libremente o contener el aliento por mucho tiempo. Serán 365 anchos días de intensivas prácticas comunitarias a las que la clase media no estaba acostumbrada.

El año será largo para todos, sin duda. Los ex legisladores salientes, oficialistas y opositores, que en las últimas elecciones no renovaron sus curules, no podrán encontrar fácilmente alguna actividad lícita y digna para ganarse la vida. Los empresarios seguirán conviviendo con la inseguridad jurídica para sus inversiones y los extranjeros no verán grandes estímulos para traer sus dineros a este país. La clase media no tendrá, como en la época republicana, las mismas oportunidades para participar de la cotidianidad comunitaria que impondrá el MAS y sus operadores, que tampoco podrán distinguir la mejor forma para encarar el aluvión de demandas de legalización de un sinfín de derechos proclamados en la nueva Constitución.

Se puede afirmar que aún existe incertidumbre política para una clase tan ultrajada, como la clase media, y en función de esta realidad el gobierno ahora ya no tiene pretextos, tampoco excusas, para gestionar la cosa pública en serio, porque le toca abrir los escenarios para negociar y lograr pactos provechosos para todos en el largo plazo, siempre reconociendo los otros requerimientos de la sociedad civil que no aparecen en su plan de gobierno y que son también legítimos.

En este proceso la clase media se ha visto presionada por la transformación colectiva y cultural que se ha operado con carácter definitivo el año 2009, y ahora está experimentando la sensación de que perderá los escasos beneficios ganados en los últimos 27 años de vida democrática. Todo dependerá de su poder de adaptación a los diferentes preceptos legales que el masismo impondrá con su proyecto que privilegia al populismo. Lo correcto sería que la clase media termine por convencerse que el proyecto masista es de dilatado término; y, por lo tanto, trate creativamente de sacarle el mayor provecho posible en la medida más beneficiosa.

Quizás las tareas más difíciles serán encontrar ese sentido de futuro a toda la propuesta masista y también descubrir las sinceras motivaciones de la clase media. El gobierno debe acoger estas expectativas y acompañarlas de mensajes creíbles que den rumbo a la seguridad y la libertad. De hecho, el presente año 2010 no se resolverán los conflictos existenciales con los que convive la clase media, y esta situación permanecerá así si el gobierno masista no imprime un discurso que haga sentir una sincera invitación al cambio y no una mera imposición, El año será largo y oiremos de todo, pero para “vivir bien” será mejor oír mensajes para todos y no para unos cuantos.

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