Un Concejo para Castellanos

Día que pasa el candidato masista a la Alcaldía de Cochabamba, Edwin Castellanos, va perdiendo terreno frente a sus oponentes Gonzalo Terceros y Arturo Murillo; pero, increíblemente y en el peor escenario, su popularidad en la votación será 10% superior al resultado que podría obtener el segundo candidato, lo cual en los hechos le convertiría en el virtual alcalde de la ciudad. Todos los otros candidatos que perderán esta elección municipal optarán entre jubilarse definitivamente o entrar en un proceso de hibernación política por mucho tiempo. Pero de forma inmediata todos los perdedores deberán contratar a un contador público que les ayude a cuadrar sus cuentas con las deudas pendientes por la campaña electoral; y a un equipo de legionarios para cobrar aportes comprometidos, sean en dinero, especie o lealtades.

Muy diferente será el futuro de los concejales electos que, en su gran mayoría son afines, deudos o amigos del Mas, le asegurarán a Castellanos la posibilidad de gobernar con tranquilidad. Será un Concejo muy heterogéneo, con perfiles diferentes o fidelidades muy desgastadas. Los del Ciu, tendrán que ennegrecer sus níveas individualidades en el turbio negocio de pagar las facturas del apoyo político que el Mas le brindó desde 2004; y esto no les permite mucho margen de maniobra porque estarán sometidos a lo que dictamine Gonzalo Terceros desde fuera. En cambio, los concejales del grupo Un-Pc han tenido mayor recorrido por diversas tiendas políticas, siempre detrás del dinosaurio de moda en el jurásico político pre masista; y son los mismos que con mucha flexibilidad han transitado de lo republicano hacía lo estatal comunitario. En octubre de 2008, fueron los últimos diputados republicanos que negociaron, con inclinación hacia los masistas, la Constitución Política que ahora está vigente. Todo esto nos muestra que no existe garantía para que la alianza Un-Pc y las lealtades comprometidas se perpetúen; con el riesgo que de exploten en mil pedazos la madrugada después de las elecciones, o cualquier día después del lunes 5 de abril, pasando su candidato edil a un segundo plano y sus concejales asumiendo el protagonismo para acercarse al Mas sin quemarse o alejarse sin enfriarse. Lo único que tienen que evitar es convertirse en concejales bloqueadores y rebeldes; porque los movimientos sociales, con una escuadra de soldados comunitarios masistas y de las mechas, pueden poner las cosas en su lugar.

Existe la infeliz posibilidad de que resulten elegidos algunos concejales solitarios que estén apeteciendo cumplir el papel de valiosos comodines. Serán los más peligrosos, porque, para comenzar, desconocerán o negarán tres veces a sus líderes que se chamuscaron como candidatos a la alcaldía; y después actuarán en despoblado sin mucho escrúpulo para remover las aguas del concejo y pescar beneficios personales. Si se permite este tipo de actitudes será un quinquenio invivible y para olvidar. Ante este escenario, en la segunda década del siglo XXI, es urgente que se impongan la decencia y la honestidad, y sería plausible que el futuro Concejo dé el primer paso.

Todas las candidaturas han destacado las aristas negativas del oponente, descuidando el interés de la mayoría. Por esa razón es que Cochabamba tiene los candidatos que se merece, con esa tendencia a la polarización y la fragmentación que ya resulta fabulosa. Estas circunstancias y sus consecuencias no son nuevas para nosotros que hemos aprendido a convivir con la desgracia; y justo en Semana Santa nos han dado los motivos suficientes para pecar de pesimistas, pero si esto puede mejorar para bien y por voluntad de los políticos, reconoceremos la equivocación.

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