Los concejales no encantan ni fascinan, … el alcalde menos

Llegamos al 4 de abril. Para llegar aquí trajinamos de la mano de unos candidatos sin encanto y por un camino pre electoral muy aciago y sin luces. Por más de 60 días recorrimos por una ruta oscurecida con spots, canciones, pancartas, telones, pasacalles, gigantografías, anaqueles, portarretratos y otras tucuimas de las que bien sabe el lenguaje del marketing político. A los candidatos que les sobró el dinero deslucieron la ciudad con sus imágenes con sobrados detalles físicos (sin arrugas y cicatrices, ni pecas). En cambio los que se endeudaron hasta el copete recurrieron al soplete y la tela de octava calidad para imprimir esas caricaturas grotescas que ni siquiera se parecen a ellos mismos. Total, fue una campaña inmunda que obtendrá unos resultados también sucios, desde todo punto de vista y con especial énfasis para el marketing político.

Independientemente de las encuestas torcidas, las fotografías arregladas y el exhibicionismo descarado, ninguno de los candidatos a la Alcaldía logró persuadir o atraer al electorado con su personalidad dominante. No existieron los candidatos que hayan demostrado que el encanto individual todavía existe. Nos referimos a esa magia que pudo convertir a un candidato en ese protagonista cautivador, esa figura idealizada sobre la que el pueblo pudo haber proyectado sus sueños de un alcalde o un concejal que sepa administrar una ciudad pujante y moderna.

Es que todos los ciudadanos y las ciudadanas de Cochabamba han recibido mensajes desesperanzadores, de esos que se logran mezclado maldiciones y palabras negativas para enmarañar el escenario electoral. Tanto mal y porquería se han lanzado recíprocamente unos candidatos a otros, que ha prevalecido esas señales turbias y ambiguas que han “enaltecido la violencia de Murillo», «destacado la improvisación de Castellanos» o “divinizado la inutilidad de Terceros”, entre otros lemas decepcionantes. Así de borrosa ha sido la campaña electoral, que no ha tenido el más mínimo destello de estilo. El reproche les llega también a los profesionales del marketing que han cobrado un precio por un producto sin atracción; defraudando a sus clientes y a la sociedad. Los “marketineros” no supieron utilizar las potentes herramientas de persuasión, pero tampoco los candidatos y las candidatas les proporcionaron los atributos personales para realzar y centrar en sus propagandas los deseos del votante, y lograr que se identifiquen con algo o con alguien.

No ha existido la candidatura que haya tomado en cuenta la esperanza y el deseo de la población que quiere vivir en una metrópoli mejor. Nadie, absolutamente nadie, ha cautivado al electorado para sacarle de su experiencia cotidiana de subsistir en una ciudad mediocre y hacer, por lo menos, que sus afanes parezcan realizables. A tal grado de ineficiencia ha llegado la campaña publicitaria que el día de mañana, lunes 5 de abril, nadie reconocerá haber recibido una propuesta que siquiera le haya proporcionado un placer momentáneo o alguna inspiración duradera.

Ha llegado la hora de votar y de elegir, y quienes han sucumbido ante uno de esos mensajes falsos ya saben por quienes votarán; pero las gentes dignas saben que con su voto no salvarán a esos candidatos que abrieron el grifo de las contradicciones y el poco estilo para llenar esta laguna en la que morirán ahogados y olvidados. Esta vez no nos convencieron y, lastimosamente, el concejo municipal será el primer espejo que refleje la mediocridad y la antipatía.

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