Terrorismo electoral y libertad de elección

La propaganda política ha invadido nuestros espacios y está ocupando la mayor parte de nuestro tiempo. La influencia de los medios y la excesiva carga de imágenes, como nunca en la historia, han llamado la atención de todos los bolivianos y las bolivianas, de los jóvenes y de los niños y niñas. En la calle, en cualquier lugar, o en una conversación sensata se nota la preocupante influencia de la efigie presidencial.  La mayoría de las personas concuerdan que la estampa del presidente está hasta en la sopa.  Es que todos saben y sienten que el culto a la personalidad que ha gestado y controlado Evo Morales, durante muchos años, ha trascendido y contaminado con toda naturalidad a la sociedad en su conjunto, sin excepción; y el inconsciente colectivo ha modelado un temor reverencial y mucho pavor hacia el candidato del MAS y su entorno, y esto anula cualquier expresión crítica en contra de él, y sin dejar margen a la libre elección.

Lo infame del caso es que la mayoría de los bolivianos, prudente o inconscientemente, admiten la existencia de elementos o agentes represivos o de censura contra la libertad de elección. Está deambulando el susto de abrir la boca para decir libremente por quién votar o el pánico de hacer propaganda en contra del gobierno, y así estamos profundizando deliberadamente el aniquilamiento del Estado de Derecho.  Esto es también terrorismo y en las altas esferas se está ejerciendo una fórmula totalitaria que sostiene el uso sistemático de la violencia psicológica para consolidar, sin oposición, un nuevo orden social y político que quebrantará la ya frágil convivencia democrática en Bolivia. La prueba material de la intimidación se refleja también en las concentraciones, proclamas y los eventos sociales (almuerzos, desayunos, cenas, fiestas, coloquios, etc) que se están organizando entre los masistas para comprometer a ciudadanos indefensos y temerosos, que se ven obligados a arriesgar su voto por el MAS.

Con la dignidad que nos queda, sólo podemos reafirmar nuestra fortaleza intransigente y obstinada en la defensa de los principios y valores de la libertad democrática frente al chantaje terrorista que gobierna sobre el inconsciente del boliviano medio y la pretensión oficialista de obtener objetivos políticos con el uso de la violencia psicológica y la inducción forzada para votar por Evo Morales. Definitivamente la libertad de elegir no tiene precio, pero debemos estar conscientes que ella está en peligro. Nos están atropellando y lo sabemos.  Sólo hay que seguir insistiendo que “antes, durante y después de siempre” se apliquen, con plena legitimidad y firmeza democrática, todos los instrumentos que nos ofrece nuestro sistema electoral y mostrar a todos los observadores internacionales, y también a los propios conciudadanos, cómo el gobierno, de forma abusiva y aventajada, ha emprendido la campaña electoral, anulando el derecho a disentir y la libertad de elegir.

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