Talar un comerciante para plantar un árbol.

Planteo a mis lectores la siguiente conjetura: Como el Corso se debe realizar de forma inevitable, un comerciante adquirió los derechos para instalar sus graderías en un sector de la Avenida Ramón Rivero, y observó que unos árboles de álamo obstaculizaban su negocio. Inmediatamente pidió a la Intendencia, instancia municipal de protección oficial de los comerciantes informales, para que talaran de cuajo esos árboles. Desde la Intendencia se dio la orden directa a la empresa municipal de áreas verdes (EMAVRA) y sin más trámite los taladores profesionales procedieron a derribar los árboles. Lo que sigue ya es de dominio público. Advertida la ciudadanía, difundió en las redes sus comentarios y las fotografías de semejante crimen; y así es que las autoridades municipales se lavaron las manos, y  derivaron la solución del problema en unos funcionarios de baja estatura moral y pésima conciencia cívica y ambiental.

Con una improvisación, en extremo irresponsable y ridícula, el gerente de EMAVRA, justificó el talado, indicando que los árboles estaban enfermos, y además anunció que en el centro y algunos distritos de la ciudad, se talarán “gradualmente” unos 500 árboles, supongo en los próximos días o semanas. Sospechosamente y en abierta complicidad, apareció en escena un personero del Colegio de Profesionales Forestales, para apoyar los argumentos del funcionario municipal, diciendo: “Vi las fotos y evidencié la parte aérea. El árbol estaba muerto”. Con semejantes testimonios las autoridades municipales y sus cómplices creen que la ciudadanía no es otra cosa que una tropa desarticulada de levudos, tontos y necios, que no saben interpretar una fotografía del árbol talado y muerto; y menos saben que un árbol enfermo no debe ser curado, debe ser talado.  Para ellos las hojas verdes de cualquier árbol son muestra evidente de muerte, suficiente justificativo para talar no sólo esos 500 árboles, sino todos los que existen en la ciudad.

Alguna vez desde esta columna manifesté mi estupefacción por el hecho de que servidores de la Intendencia Municipal arrancan árboles plantados en la acera de cualquier calle donde se mueve el comercio, bajo el obtuso argumento de que alguien no tiene “licencia para plantar árboles” y que un comerciante minorista tiene privilegio sobre ese sitio para poder lucrar, sin árbol alguno que le estorbe. Entonces, que algún funcionario edil desmienta la siguiente afirmación: Desde la Intendencia se venden a los comerciantes informales, por dinero y libres de árboles, las aceras y las calles. Creo que la solución radical pasa por talar un comerciante para plantar un árbol.

Lo peor de todo es que como ningún funcionario municipal, jerárquicamente inferior, ha asumido la responsabilidad administrativa y ejecutiva por la tala irracional de los árboles de la Avenida Ramón Rivero, desafortunadamente ahora las consecuencias políticas y administrativas, las deberá soportar el mismísimo Alcalde, por muy lejos que se encuentre. Si el burgomaestre cochabambino tiene agallas y algo de olfato político, debería destituir públicamente a los funcionarios involucrados en este crimen, iniciarles un proceso de responsabilidades y proceder como en los circos de la antigua Roma cuando los cristianos eran entregados a los leones, ya que esos servidores deben rendir cuentas a la ciudadanía por haber insultado su inteligencia. De lo contrario, los libros abiertos para revocar el mandato del Alcalde, se nutrirán con las firmas de gentes agredidas e injuriadas. No existe otra forma de repudio.

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