¿Sin rival ni oposición?

Este viernes pasado y ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, el Vicepresidente dijo que el “proceso de cambio” no tiene rival ni oposición. Con absoluta buena fe quizás tenga razones fundadas para afirmar que no exista un rival que se oponga a los avances positivos en materia de lucha contra el racismo o la violencia contra la mujer. Parece que para los masistas los hechos que sólo se anotan en la bitácora de los patriotas del cambio, son los aciertos del gobierno, pero deliberadamente se omite el registro del cúmulo de arbitrariedades y corrupciones que enlodaron la última década.

Se suponía que, allá por 2006 en el inicio del gobierno socialista y comunitario, los masistas tenían unos rivales irreconciliables que eran los causantes del neoliberalismo, pero luego de diez años confirmamos que los agentes azules se han convertido en sus propios enemigos y en unos exponentes paradigmáticos de ese neoliberalismo crudo que promueve y estimula a algunas élites con un alto grado de codicia y egoísmo. Sólo basta ver los bienes materiales de esos nuevos ricos que han emergido esta década a la sombra del narcotráfico, la corrupción gubernamental y otros actos ilícitos. De hecho este proceso de cambio ya tiene un rival y es esa gran mayoría de gentes honestas de las clases medias que reprochan en silencio y con paciencia esos actos de impunidad y protección oficial a los personajes oscuros con los que el Gobierno tiene trato y contrato. Cuidado, existen rivales y para el referendo de febrero puede que salgan de sus casillas.

También dijo el Vicepresidente que la oposición política en Bolivia “no tiene propuestas, no tiene ideas». Entonces admite al fin que existe oposición, pero no en la cantidad que él espera y la calidad que exige la población en general. Olvida este servidor público que sus opositores se han multiplicado y se han dado modos para estigmatizar a los gobernantes y denunciar, sin pausa, sus actos de corrupción dilatada. ¿Acaso los abanderados del proceso de cambio no ven oposición en el imperialismo, el capitalismo, la derecha, los fantasmas exiliados en Miami, los tránsfugas, los medios de comunicación, la Iglesia Católica, los librepensantes, los traidores, los delatores, hasta el falsificador de la factura de la peluquería, etc.? Así, no más, existen rivales y hay oposición.

Hasta el 22 de enero pasado la revolución democrática y cultural «ininterrumpida», la nacionalización y la construcción de un nuevo Estado, la Agenda Patriótica 2025 y el Plan de Desarrollo Económico hacia 2020, entre otras falsas ofrendas, tienen insistentes rivales y nuevos opositores emergentes, que pueden cambiar el proceso. Como en el referendo de febrero próximo el Gobierno se juega la vida, y los matemáticos del cambio están haciendo sus cálculos para utilizar viejas prácticas republicanas como el cuatrerismo electoral, la reunión de la gente que vota con los pies, el secuestro de la ignorancia de los votantes y los  cobros a los funcionarios públicos con bajos valores, todo con el fin de que asignen la victoria al oficialismo en la consulta constitucional. Lo que han borrado los gobernantes es que existen resultados tangibles de una década de mala gestión pública, de la presión fiscal selectiva y discriminatoria, y que los ciudadanos ya no confían en las opiniones de los demás, y están sintiendo la necesidad de estar bien informados. Todo puede cambiar, hasta la oposición y los rivales.

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