Científicos bolivianos sentados en el Batán

El viernes pasado se clausuró el primer Congreso Científico Boliviano que se desarrolló en Tiquipaya durante dos días. Los protagonistas del debate fueron algo más de medio centenar de científicos bolivianos que radican en el exterior. En el evento participaron ocho ministros y los dos principales mandatarios del país, que escucharon las conclusiones del debate y el planteamiento central de crear una instancia nacional de ciencia y tecnología que sea respaldada por un ministerio, además de una ley y recursos económicos para planificar los programas de formación y especialización de recursos humanos, además de otros temas importantes.

Resulta increíble que después de diez años de gobierno los artífices y líderes del cambio recién se percataron que los científicos habían sido un pilar importante en el proceso de transformación. Pese a que el país pasó por una época de gran progreso económico, la fuga de cerebros bolivianos no ha cesado, porque todo parece indicar que no existieron lugar ni buenos salarios para ellos. ¿Cómo lograr que esa etapa perdure pero con el concurso de nuestros científicos? Cualquier gobernante sensato se olvidaría de sus propias ambiciones, estimulando y concretando los emprendimientos racionales con un alto impacto social y económico; sin dejar de pensar que las épocas cambian y que la única actitud válida es la de ser precavido. Así, no más.

Pero como la sensatez es lo menos que sobra en este pobre país, el mandatario boliviano al clausurar ese congreso científico esparció pocas esperanzas cuando, tras escuchar a los experimentados profesionales, dejó en manos de sus ministros el análisis y la posible consolidación de las propuestas. Creo que lo correcto hubiera sido que el primer boliviano asuma personalmente el reto de materializar las sugerencias, luciéndose así como un gran estadista. Los lectores muy bien saben que cuando un emprendimiento se delega a una comisión de gentes es muy probable que no se materialice, como así ha de ocurrir con la famosa “liberación tecnológica y científica” muy untada en el discurso masista desde hace una década. En fin, los políticos siempre actúan como lo que son: políticos.

Si bien muchos de los planteamientos de los científicos no podrán realizarse de forma inmediata, creo que la tarea más importante la deben cumplir los altos servidores públicos para estimular y entusiasmar desde arriba las acciones e investigaciones científicas en nuestro país. Esto probablemente avive cualquier emprendimiento tecnológico o industrial, pero el financiamiento público siempre estará en duda; pese a que el ministro de Economía y Finanzas, dijo que varias de las propuestas planteadas por los científicos son viables y que el dinero “es lo de menos”. Qué bien que al ministro le invadió la lucidez, porque ahora no es necesario siquiera preguntar si los 200 millones de dólares que el Estado Plurinacional tiene previsto invertir en la construcción del estadio El Batán, bien podrían servir, entre otros proyectos venturosos, para la producción de medicamentos esenciales, o la creación de un centro de investigación de desarrollo farmacéutico; o bien para la adquisición de tecnología o la planificación de una ciudadela científica, como un espacio integral para proyectos de innovación. Entre tanto deciden los políticos azules, lo científicos podrán pagar su entrada para ver, durante dos horas, un partido de futbol en El Batán.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.