Por eso no se muere

Esta última semana la imagen pública de Samuel Doria Medina se ha posicionado en el inconsciente colectivo a través de una serie de garabatos jocosos fabricados por gente incauta que se ha inspirado en el video publicitario que registra su confesión. “Carajo no me puedo morir”. Los estrategas publicitarios contratados por el Frente Amplio se anotaron un gol a favor, pero lamentablemente sus operadores políticos anotaron un autogol cuando se supo que se han propuesto levantar cualquier escombro de los partidos tradicionales (no masistas) para acogerlos y concentrarlos en torno al empresario cementero; posibilitando así la continuidad de Evo Morales en el ejercicio perenne del poder; y además confirmando el infortunio político y la ingenuidad deliberada de esta oposición tan venida a menos.

Es bueno recordar que, allá por agosto de 2006, Doria Medina y algunos operadores de su frente han mostrado esa faceta inválida de popularidad en la Asamblea Constituyente, y con un número muy reducido de asambleístas, incluido el mismo Doria Medina; fueron tranzando, tirando y aflojando la legalidad desde el teatro Sucre hasta el cuartel de la Glorieta; y en su traslado secreto hasta Oruro y terminando con el papelón del 21 de octubre de 2008.  Fueron ellos quienes negociaron, sin timidez alguna, el proyecto de la Constitución Política del Estado y que ahora es utilizada por el Frente Amplio para proponer los candidatos que abulten la oposición dócil y timorata de este país; seguramente con los personajes políticos que continúan su periplo satelital en torno al líder máximo; y que han permitido el retorno a la práctica corrupta de las candidaturas plurinominales que se ejercen con prebenda.

Está claro que el centrismo y la derecha en este país están en un proceso serio de recreación; y por lo que se nota, no han tomado siquiera en cuenta al Frente Amplio para que sea el vehículo que transporte la nueva propuesta.  Este frente tiene su propio proyecto, que no coincide siquiera con el plurinacionalismo, el indigenismo y el campechanismo boliviano, tan en boga ahora. Entonces la orfandad y la soledad son profundas. Esta infausta propuesta de conformar el frente único sólo ha logrado levantar unas sonrisas torvas en los labios de quienes tienen buena estrella apostando a la política del absurdo: trabajar para el gobierno por dentro, cumpliendo el papel de opositor por fuera.

El mejor consejo que puede recibir Doria Medina es que se aleje de esa gente desdichada, y abandone el proyecto de convertir a su frente en una caja de sastre. Esa en la que confusamente se juntan los moros y los cristianos, se encadenan a los enemigos o se articulan para mal a los perros y los gatos; y donde el grado de contagio con la mediocridad es muy alto. Nadie en este país debería tender la mano a quienes en su actuar dentro la oposición han demostrado una complicidad siniestra con la autocracia. Así el Frente Amplio y Doria Medina ya deberían dar un paso al costado; porque de persistir en su proyecto político y sus alianzas oportunistas sólo confirmaría la única razón por la que “no se puede morir”: vive de esto.

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