G-77 o la farsa de los autócratas

Violación de los derechos humanos, autocracia, corrupción y persecución política son algunos de los sustantivos que cargan en sus espaldas una buena parte de los presidentes de países que animan la cumbre del G-77 que se desarrolla desde ayer en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Robert Mugabe, presidente autócrata de Zimbawe ya está en Bolivia y coincidirá con Raúl Castro su homólogo de Cuba, y para completar este mosaico antiimperialista hubiera sido ideal que asistan también los presidentes de Siria y de Corea del Norte, que en reiteradas oportunidades han recibido el apoyo político y sentimental desde el Palacio Quemado. Los que sí asisten a la cumbre han llegado con el propósito de promover la unidad política y la solidaridad con los satélites del socialismo del siglo XXI, además de concienciar a sus miembros, como nunca antes, sobre el mesianismo de sus autócratas “a favor de la humanidad”.

Este discurso contradictorio y tan cargado de petulancia ya llegó a los oídos de los presidentes más sensatos y prestigiosos del grupo y con un mensaje tácito han dicho: “no asistiremos a esa farsa”. Es que con motivo de la celebración de los 50 años del G-77, más de 100 países, de los 133 miembros del grupo, no asisten porque han confirmado que el objetivo institucional de ayudarse, sustentarse y apoyarse mutuamente en las deliberaciones de la ONU ha soportado un giro ilógico hacia el radicalismo político más intolerante.

Es que los líderes influyentes del grupo no esperan grandes, favorables y novedosas declaraciones conjuntas, en cambio y con toda seguridad, sobrarán los homenajes a los luchadores antiimperialistas y a otros bribones instalados en el poder, como al difunto “dictador autoengrandecido” Hugo Chávez o a la “caricatura” del depuesto Manuel Zelaya, como así los denominó Hilary Clinton en su último libro “Decisiones Difíciles”. Tampoco faltarán las muestras de apoyo a las “democracias asediadas” de Venezuela, Siria y Corea del Norte, además de los papeles mojados que reiteren el eterno repudio al embargo contra Cuba, por haber cometido el pecado de instalar por la fuerza la “democracia socialista más avanzada del mundo”. No se necesitan cuatro dedos ni frente para entender que de esta cumbre nada bueno saldrá, abundando lo inútil y absurdo. Entonces, los bolivianos ¿por qué estamos gastando tanto dinero para adornar y organizar esta farsa?

Con razón la diputada Rebeca Delgado ha pedido un informe al ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce, para que rinda cuentas de los recursos utilizados en la organización del G-77; y así se sepa a cuánto asciende el monto total de los recursos asignados para la cumbre, bajo qué normas se han aprobado esos gastos, además de quiénes están participando y qué resultados se esperan. Pero no es necesario un informe oficial para afirmar tres verdades sobre el uso del dinero de los bolivianos: 1) Enaltecer a las autocracias más emblemáticas del mundo; 2) flexionar las rodillas del alcalde de Santa Cruz y sus cortesanos frívolos; y 3) engrosar la billetera del oficialismo con gastos reservados, muy útiles para encarar las próximas elecciones. En fin, los bolivianos esperamos una explicación razonable.

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