Perder menos o cerrar

La crisis económica terminará colocando al Gobierno socialista en una situación peor de la que se encuentra, por culpa del narcotráfico y la corrupción. No existe un ser vivo en Bolivia que dude que las empresas privadas estén haciendo grandes sacrificios para cumplir con la idea de país que han diseñado los masistas, por encargo de los cubanos y los chavistas. Muchas empresas formales ya han pegado el grito, pero no existe gobernante azul que reconozca la crisis que ya se vive, la competencia desleal provocada por el contrabando protegido oficialmente, las ilegítimas cargas sociales a favor de los trabajadores, y las pesadumbres tributarias que han convertido a nuestro país en un infierno fiscal. Ni hablar de la pérdida de competitividad por las “incumplibles” normas regulatorias para cada sector empresarial.

No son pocas las empresas formales que están en la disyuntiva irracional de “perder menos o cerrar”. Definitivamente los postulados de que “con el Gobierno de Evo Morales todos vamos a ganar” o “juntos prosperaremos” han resultado unas mentiras universales. Prueba de estas falacias es que, hace unos días, una conocida industria de productos lácteos ha decidido reestructurarse para “perder menos” reduciendo personal. En los hechos ha planteado a sus trabajadores la posibilidad de renunciar voluntariamente a sus fuentes laborales, aceptando unos planes de desvinculación muy atractivos, que vienen cargados de beneficios económicos extraordinarios. Es verdad que la empresa perderá menos, pero en poco tiempo el trabajador renunciante se convertirá, pese a los beneficios recibidos, en un perdedor más.

Para los ideólogos del masismo éste es un caso aislado, porque en las calles y en todos los hogares se vive el estado de bienestar y de prosperidad que el “hermano Evo” ha creado en sus 13 años de gobierno. Por supuesto que sí, los que prosperaron son los cocaleros, transportistas, cooperativistas mineros, agropecuarios, ganaderos, comerciantes minoristas, contrabandistas y toda la laya interminable de gentes que medran en la informalidad y la ilegalidad. Ellos prosperaron porque sus réditos son el fiel reflejo de la defraudación tributaria, el incumplimiento deliberado de las leyes laborales y los deberes formales tributarios, y lo peor es que todo esto está alentado desde el propio Gobierno. Pregunto a mis lectores: ¿Cree usted que algún día el Gobierno impondrá la ley en los sectores informales en la misma medida con la que ahorca a los emprendedores formales? Les ayudo a responder: Nunca.

Éste es uno de los absurdos irracionales que ha contaminado la mente de los empresarios formales y que han provocado su rendición ante la realidad. Tan es así que algunos de los líderes empresariales han puesto en conflicto su influencia y han optado por simpatizar con el Gobierno, cumpliendo la ley junto con sus deberes tributarios y laborales, aunque sea a plazos y en “cómodas cuotas”. Todo parece indicar que por el momento el empresario privado está presionado para aceptar la realidad y esperar cambios, pero parece que estos no llegarán. Muchos están viendo como una opción emigrar a Santa Cruz, un lugar ideal para explotar la informalidad o para cobijarse con la protección gubernamental. Definitivamente, el cumplimiento de las leyes laborales y tributarias, así como el ejercicio formal de cualquier emprendimiento están convirtiendo a Bolivia en un país de perdedores. Esto no tiene fin.

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