Narices brasileras en el Tipnis

Los indígenas del Tipnis rechazaron abiertamente la actitud de Evo Morales, que se negó a dialogar con ellos en San Ignacio de Moxos, pero le concedieron un respiro hasta el lunes para que el ciudadano Presidente se reúna con los marchistas en ese municipio beniano o pueda convencer a los financiadores brasileros para que no abandonen el proyecto. Los indígenas originarios expresaron que movilizarán a todos los territorios indígenas del país si el Gobierno persevera en provocarlos para generar conflicto y deslegitimar la marcha. Sobre este asunto hemos escuchado y leído de todo, desde una satírica clonación de la película Avatar en un Tipnis pintado de azul, hasta denuncias de sobreprecios, que se traducen en sobornos tan groseros que podrían despertar la codicia hasta en el mismísimo Jesucristo.

¿Qué dicen los brasileros y brasileras de este proyecto? La mayoría ya sabe que en junio de 2009, Evo y Lula, ambos con guirnaldas de coca colgadas en el cuello y en pleno Chapare, se pusieron de acuerdo para impulsar el proyecto y nutrir con cualquier cosa el agobiado norte brasilero, mejor si esa cosa se denomina cocaína. También saben que el diseño carretero por el parque Isiboro Secure va a promover la colonización de las tierras marginales de la carretera e incrementar la producción de cocaína, destruyendo la biodiversidad y la cultura local de los tres grupos indígenas, que ya se encuentran en peligro de extinción a causa del racismo y la depredación de los cocaleros oficialistas. El norte brasilero necesita cocaína, porque toda la que actualmente se produce en el Chapare circula y se monopoliza en Santa Cruz de la Sierra y se transporta para su consumo instantáneo en el centro y sur del Brasil. En esta cadena de tráfico los cocaleros son simplemente un eslabón, pero ahora quieren ellos controlar la cadena entera, razón suficiente para impulsar la construcción de la carretera por la que transportarán toda su cocaína desde el Chapare hasta los estados septentrionales del Brasil, sin escalas y por caminos controlados por subalternos afines al partido de gobierno y las mafias organizadas.  

Hasta ahora el gobierno del Brasil ha manifestado oficialmente que sólo entregará el financiamiento de 320 millones de dólares, si entre los indígenas bolivianos y el gobierno se llega a un acuerdo sobre esta carretera. Pero la mayoría de los brasileros no han creído la excusa gubernamental de que la principal finalidad, por ahora, es cómo construir un consenso democrático entre las partes en conflicto, no por unanimidad, que no existe en la política, pero sí por consentimiento mayoritario; así como tampoco han tragado la píldora de que existe petróleo y gas en el Tipnis y esto les podría beneficiar de forma paralela al montaje del Pre-sal, el megaproyecto de extracción petrolera en el casco submarino del Océano Atlántico. Nos preguntamos ¿No sería mejor para los brasileros quedarse con el Pre-sal y punto?

El pueblo brasilero ya quisiera tener una empresa pública como la Administradora Boliviana de Carreteras, que construye con dineros públicos y financiamiento externo. Pocos saben en Bolivia que todas las carreteras brasileras son privadas o están administradas por empresas privadas. Con razón la protesta contra el gobierno brasilero que no financia una sola carretera dentro de su territorio, pero si tiene todo el dinero para financiar una en territorio extranjero. Una gran contradicción que anima el levantamiento de más reproches para que Dilma Rousseff abandone ese proyecto que violenta el Tipnis, y dirija todo ese dinero para pavimentar los miles de kilómetros de caminos rurales en su propio país. Y lo peor de todo, hay críticas muy fuertes que están señalando al poder económico brasilero que, incrustado en el gobierno socialista y sin escrúpulos, está alentando el desarrollo industrial en el norte brasilero con esclavos bolivianos y peruanos que obviamente serán transportados por esta carretera señalada con líneas de cocaína. Todo sea por la gloria de Brasil.

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