La modernidad florece cuando la Intendencia trabaja

Las cosas están mejorando en la ciudad de Cochabamba. Pese a que el grueso de la población ha alcanzado un estado avanzado de civilización; ciertos grupos humanos se organizan deliberadamente para infringir el bien vivir, desconocer las leyes y los procedimientos jurídicos, y con mucha habilidad política se muestran muy persistentes a la hora de imponer el desorden. En esta semana de festejos patrios, las autoridades municipales han asumido con mucha entereza su misión de equilibrar las demandas ciudadanas para convertirlas en un consenso comunitario y así mejorar la calidad de vida en nuestra ciudad tan atormentada.  Hemos quedado gratamente impresionados cuando los funcionarios de la Intendencia Municipal arremetieron contra los comerciantes informales que, desde mediados del siglo pasado, han invadido las calles y las aceras. En esta oportunidad se confiscaron anaqueles, garitas, kioskos, letreros, estantes y demás tucuimas que sirven para atropellar a los cochabambinos y las cochabambinas dignos que habían optado por la indiferencia y la inercia, sacrificando la armonía y la felicidad en sus vidas.

Ahora parece que las cosas están a punto de cambiar para bien. El derecho a transitar por las calles de la ciudad sin obstáculos tiene el resguardo constitucional, y en principio el ejercicio de ese derecho se entiende que es ilimitado, pero por razones de convivencia pacífica es que las autoridades del municipio tienen reservada la atribución de reglamentar ese derecho cuando se trata, por ejemplo, del gremio del comercio ambulante que está nutrido de parentelas sin vergüenza, y que se han propuesto atosigar a los ciudadanos honestos. Han invadido nuestras calles y nos han hecho entender a empellones que existe una nueva clase social que está vinculada con actividades tan cuestionadas como son el contrabando de mercaderías de consumo masivo, la venta de partes de automóviles robados y desmantelados, la venta inescrupulosa de comidas y bebidas sin seguridad alimentaria, y un sinfín de actividades lucrativas bastante deshonestas y arbitrarias que se consuman en plena vía pública. Lo peor de todo es que la mayoría de los infractores y ocupantes de las calzadas y aceras reclaman el ejercicio de sus derechos en nombre de la pobreza, la falta de trabajo y la inexistencia de mercados, sin asumir el compromiso básico para cumplir obligaciones con la armonía y coexistencia humanas. Es gente, que ni siquiera vive en la ciudad y menos pagan impuestos para el sostenimiento de los servicios básicos de los que ellos son los principales beneficiarios.

Esta experiencia desastrosa debe ser borrada, por lo que corresponde aplaudir las acciones administrativas que han emprendido el Alcalde, el Intendente y sus principales ejecutivos para mejorar el entorno urbano de la ciudad de Cochabamba, pero con la misma sana visión de futuro ya deberían poner orden dentro la Plaza Principal y el radio de cinco cuadras, pese a quien pese, y expulsar en beneficio colectivo a los agoreros, profetas, hechiceros e iluminados que se apropiaron de nuestra plaza y ante todo a los comerciantes de videos, discos compactos, libros caducos, frangollo para paloma, motes de tarwi, agujas de todo calibre, manuales con precios unitarios de la construcción, pilas, forros plásticos, sables de samurái y demás artificios asiáticos. La autoridad edil consolidaría su carácter firme si se propone con preeminencia el ordenamiento de las calles en esta ciudad tan alborotada, siempre con el fin de prescindir definitivamente de esas conductas medievales y enfrentar aquellos intereses paralelos de grupos sumidos en el abuso, el delito y la ignorancia deliberada. Entre tanto, nosotros elogiaremos cualquier acción edil que acerque a esta ciudad, cada día más, hacia la modernidad. Merecemos vivir bien y creemos que el comerciante ambulante que ocupa la acera para obligarnos a caminar dificultosamente por la calzada y otros vericuetos está cometiendo un crimen de lesa humanidad. Así nomás.

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