Los siguientes dos pasos

Este sábado desperté con el delirio de que mi protesta no era contra el fraude, tampoco para pedir la auditoría, la segunda vuelta o la anulación de elecciones; sino era mi impotencia contra todas las acciones negligentes de los políticos opositores que no impidieron que Evo Morales se repostule a un cuarto mandato. Una semana antes de las elecciones, desde esta columna, había advertido que Evo ganaría en primera vuelta y este sería “el castigo por no haber dejado la piel en la lucha contra la inconstitucional candidatura”, tarea urgente que abandonaron los opositores.

Evo logró su objetivo: se repostuló y ganó, como sea, pero ganó; y lo peor es que sepultó el 21F. Lo que me extraña es el espíritu triunfalista y salvador de los políticos de oposición. Ellos, sin vergüenza y luego de haber dado el paso al vacío, decidieron conformar una Coordinadora de Defensa de la Democracia (CDD) para enmendar y expiar sus propios errores y pecados. Lectores míos respondan: ¿Qué hubiera pasado si la CDC hubiera nacido el 13 de octubre de 2014, día siguiente de la elección de Evo al tercer mandato?, o ¿el 22 de febrero de 2016, día siguiente del referendo? La desunión de los opositores definió el resultado de las elecciones del domingo, como origen del problema, no el fraude como su consecuencia.

Con la misma convicción que advertí, siete días antes de las elecciones, el triunfo de Evo en primera vuelta, me atrevo a prever los dos pasos que dará el Gobierno, siempre predecible en sus decisiones y reacciones. Paso 1: El partido azul ha conservado el poder en el nivel central del Estado, sólo le falta para completar su absolutismo ganar las elecciones municipales y departamentales de abril de 2020. Para romper esa hegemonía es que ahora sirve la CDD. Con la dolorosa lección aprendida el 20/10 y sólo a través de la unión sólida de los opositores en un frente nuevo. No debe quedar en manos del MAS ningún municipio ni gobernación.

Paso 2: Las labores y sesiones de la nueva Asamblea Legislativa serán insoportables e intolerables. Los oficialistas golpearán físicamente a los asambleístas opositores con el fin de anularles e intimidarles. Los azules no podrán lograr sus objetivos en los primeros meses por la sistemática obstaculización de los opositores, provocando la paralización en la aprobación de leyes. Ante este escenario improductivo e ineficaz, el masismo justificará la “avocación del constituyente”, es decir llamará a una asamblea constituyente al mero estilo venezolano, para que paralelamente dicte las leyes necesarias y, como soberana, reforme la vieja constitución de 2009, perpetúe la reelección indefinida e introduzca otros candados para blindar la dictadura.

No hay mal que por bien no venga. La CDD nació sin fuerza para reclamar el fraude, exigir una segunda vuelta y defender el voto ciudadano; pero bien puede servir para unir a todos los bolivianos en torno a una sola opción opositora, sin tintes ni maquillajes, en las próximas elecciones subnacionales de febrero de 2020. Me refiero a un frente único, no sólo para copar todos los concejos municipales y las asambleas departamentales, sino también para impedir una arremetida azul que pretenda reformar toda la Constitución Política, a través de un referendo mañoso, aprobado con la mayoría absoluta azul de la nueva Asamblea Legislativa.

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