Envaino mi puñal de papel

Fue en abril de 2003 que adquirí el vicio de escribir con columna propia. Impactado por los sucesos de Febrero Negro comencé a mostrar mis primeros artículos en el papel, siempre en busca de la luz. Algo así cuando las semillas germinan, se abren paso por las tierras feraces para mostrar esas hojitas tan finas que a lo largo del tiempo se tornan en grandes logros. Escribí algo más de 420 artículos, unos fueron buenos, otros malos –algunos destilaban benevolencia, otros antipatía– pero la mayoría disiparon dudas y orientaron las opiniones ciudadanas hacia la verdad. En poco tiempo me convertí virtualmente en guía y consejero de mis pocos pero buenos lectores, muy preocupados ellos por la extinción del Estado de derecho, la libertad y la democracia.

A partir de enero de 2006, ya con tres años de experiencia, me enfrasqué de lleno en el combate, sin pausa, contra la dictadura de Evo Morales, prácticamente desde el primer día hasta el 27 de octubre de 2019, día de la última publicación de un artículo amparado por esta mi columna Fojas Cero. No hubo fin de semana que no me refiera a tan desgraciado episodio de la historia boliviana. Debo admitir que luché con armas de papel contra un enemigo metálico durante 13 años. Justamente el tiempo que me tomé para oír insultos, saltar obstáculos que pretendían censurarme y saborear de tanto en tanto la amargura de la frustración por la imposibilidad del desmoronamiento de la dictadura del cocalero. El objetivo tardó en lograrse pero se logró.

El recorrido de Fojas Cero fue largo y lento. Sobraron algunos días en los que se tornaba como algo prudente la posibilidad de mandar todo a la mierda. Sólo la paciencia evitó ese desastre, así como la indignación por vivir los peores momentos de la corrupción pública, inscritos en la memoria de Bolivia; y por convivir con el estancamiento y la indiferencia del pueblo que al fin se revirtió, a partir del 21 de octubre de 2019, en un proceso de descomposición general y de purga ciudadana.

He sido un agitador permanente y de algún modo he fortalecido el espíritu de la gente. No me arrepiento, muy temprano alerté sobre los peligros de la dictadura que, en el mejor de los casos, ensombrecerían cualquier buen logro gubernamental. Así fue. Nadie y menos los sensatos recuerdan a Evo como lo que no fue: un benefactor, un estadista, un presidente; es que todos le inmortalizan como un dictador cocalero. Se cerró el ciclo. Cayó el dictador con su egoísmo sinvergüenza, también cayeron la negligencia y la dispersión política de ese pueblo que le aguantó más de 13 años. Por esto, hoy mismo cierro esta columna. Envaino Fojas Cero, mi puñal de papel, y si por desgracia humana, Evo Morales vuelve al poder bajo el disfraz que sea, tengan la seguridad que Fojas Cero se desenvainará, en este periódico o por el medio que sea.

Me ha quedado una tarea pendiente: recuperar la bravura cochabambina. Quiero renovarla y regenerarla, porque de verdad nadie ya opina o se ocupa de la vida de Cochabamba, menos de su futuro secuestrado por agentes económicos perversos que han intimidado a la ciudadanía, han provocado que ésta abandone todos sus bienes  o valores, y han hecho parecer como si la Llajta fuera un hoyo sin fondo o un envase negro no retornable. Sólo por este motivo reconquistaré la Plaza 14 de Septiembre y desde ahí agitaré las almas cochabambinas, sólo para liberarlas, para ayudarlas a salvar su modernidad, sus sabores, olores y colores, su dignidad. Ahí nos vemos.

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