Los paceños manipulados, entre Katari y Murillo

El 16 de julio de 2009 fue la fecha ideal para descuartizar las imágenes de los ídolos y los símbolos que la paceñidad había utilizado orgullosamente en su pasado más reciente. Evo Morales, con una habilidad espectacular, ha dedicado la conmemoración del Bicentenario para destacar en primer plano las heroicas gestas libertarias para acabar con el poder colonial, lideradas sólo por los indígenas y no por los mestizos y criollos. Morales reseñó que fueron más importantes las rebeliones indígenas que desde 1500 han pretendido acabar con el sometimiento imperial y el saqueo de los recursos naturales. Murillo y los protomártires de 1809, en lo que dura una santiguada, pasaron a ser dioses de segunda; y así los paceños de clase media urbana dejaron de poner velas a santos que no hacen milagros. Evo sí hace milagros mediáticos y sabe jugar con la gente.

No resulta casual que unos días antes del 16 de julio pasado, unos pasquines extremistas complicaran a Murillo como uno de “los autores del descuartizamiento de Tupak Katari, montado en uno de los memorables cuatro caballos” (sic). Esto despertó resentimientos y provocó que una dinamita termine con el monumento de Murillo por los aires y en pleno centro urbano de La Paz. A estas alturas nada importa para el gobierno central, ni los Murillos, ni el 16, menos lo que piensan los sensatos; lo que sí le importa es cómo seducir a los paceños con lujos vacíos y apariencias atractivas. Y en esto ha colaborado el alcalde Del Granado, que ha pagado los escenarios, las obras, la música, los payasos, la comida y la bebida para concretar una fiesta imponente, y así terminar con la historia republicana de La Paz, que para los fines plurinacionales ya estaba resultado difícil de sostener.

Si de cambiar se trata ahí está La Paz del siglo XXI. La hoyada que escucha, sin quejas, cómo desmitifican a sus protomártires cuestionados por racistas. La urbe que proclama, junto con el poderoso, los privilegios libertarios de sus indígenas que la cercaron y escarnecieron en 1781. Y para perpetuar su pluriculturalismo, ese pueblo aymara inducido que prefiere bailar morenada 15 minutos con otros 15 de hip hop; y también escuchar a los quechuas que le canten o a la guitarra rockera que entona su himno, además de reír los chistes improvisados sobre los gobernantes; o ver los impresionantes fuegos artificiales o la escultural figura de una mujer exuberante. En suma, es una ciudad que ha sucumbido a los simulacros de seducción del gobierno y que lastimosamente ha caído cercada por la falta de alternativas políticas de mejor gobierno. La Paz se dirigirá hacia donde Evo Morales señale; porque su pueblo, maniobrado con frivolidades grandiosas, ya se ha entregado a un cautiverio voluntario.

Y lo peor de todo es que Bolivia entera está sometida a los derroteros de los paceños. Si la mayoría de ellos dice que Evo es bueno para Bolivia, todos los bolivianos estaremos reducidos a esa decisión. Ya lo demostraron en las últimas consultas democráticas, en las que su voto pesó y que ahora pesa decisivamente. Tal es así que el gobierno utilizó esa ventaja y desplazó paceños para distorsionar el voto en Pando; así como son usufructuados electoralmente en las zonas rurales y suburbanas de Beni y Santa Cruz, en los municipios urbanos de Cochabamba, Tarija y Sucre. Los paceños juegan en todos los tableros, como fichas que han entregado sus flaquezas humanas al hábil manipulador. Qué pena, los usaron, si se suponía que eran libres y bravos como su himno reza.

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