Los masistas no son aristócratas, ni los mejores

Sin entrar en muchos detalles, quiero convenir con mis lectores que la aristocracia es el gobierno de los “mejores”, y  dislocando este básico concepto es que un coro de masistas se ha propuesto seleccionar a los “mejores juristas de Bolivia” como candidatos para la elección popular de magistrados señalada para octubre de 2017. De buena fe debo suponer que lo que propone el gobierno es que el Órgano Judicial esté liderado por una elite intelectual y sabia, que predomine por sus conocimientos e ilustraciones, distinguiéndose de la gentuza y del pueblo inculto. Si esto es así, entonces un socialista comunitario, que se precia de haber creado este Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, no puede invocar modalidades aristocráticas y discriminatorias de selección de candidatos, por ser absolutamente excluyentes e incompatibles con los paradigmas populistas del proceso de cambio.

Nos encontramos ante una propuesta, no sólo deshonesta, sino también torpe y cínica. El equipo de gobierno está manipulando la meritocracia, herramienta netamente aristocrática,  para que por un lado falsa y desvergonzadamente se asignen méritos personales a quienes en su vida habían soñado poseerlos, y por otro se desmotive a quienes sí los tienen para que huyan de este proceso de selección de magistrados. Nadie puede ya creer que los masistas permitan al pueblo elegir a los mejores magistrados que no sean afines al partido de gobierno; por el contrario, con esta treta aristocrática se ha de igualar o mejorar con creces lo que en esta última década perdida se ha materializado con un sinfín de experiencias desastrosas al pretender cumplir con los postulados socialistas de que cualquiera puede ser juez o magistrado. En síntesis, los masistas seleccionarán a sus propios postulantes, sin mayores posibilidades para distinguir quién tiene méritos y quién no. Les da igual.

Desde hace mucho tiempo atrás esta farsa estaba mal institucionalizada. Los abogados funcionales a los gobiernos movimientistas (en sus diferentes matices) desde 1952 eran tildados de los mejores (sin serlo) para ser elegidos como magistrados; y desde 2006 ésta bufonada se ha perpetuado sideralmente con la irrupción del masismo. La realidad es así: El juez tiene que ser del partido azul, de lo contrario no tiene méritos personales, punto. Entonces el ideal aristocrático del mejor magistrado, esa persona idónea y sabia, el juez, ese ser humano que tiene autoridad para juzgar y sentenciar, libremente y en homenaje sólo a la ley, simplemente no existe en Bolivia. Los 52.000 abogados que ejercen la profesión en todos los ámbitos, saben perfectamente quienes son los profesionales meritorios y destacados en las diversas materias del Derecho; y estoy seguro que la nómina de abogados preseleccionados no coincidirá con esta realidad.

La difícil tarea del partido de gobierno estará en seleccionar a sus favoritos entre un abrumador número de adeptos, generalmente gentes con poco cultivo intelectual y profesional, pero con muchas ganas de complacer los designios de quienes, desde el Palacio Quemado, trafican las sentencias con sus perversas influencias. Así que esos alardes populistas, salpicados con cosméticos aristocráticos, bajo ningún concepto deben ser entendidos como un mecanismo para transparentar un proceso que de por sí es falso y mediocre. Seremos testigos de otro sonoro descalabro del masismo.

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