Arenga para los artistas

Hace unos días atrás, algún funcionario de confianza del Servicio de Impuestos Nacionales lanzó un chivatazo a los dirigentes de los músicos bolivianos sobre un proyecto de resolución administrativa que regula el pago de impuestos de dominio nacional sobre la prestación onerosa de servicios musicales y de canto, en ambientes privados y particulares. Estos artistas protestaron inmediatamente en todo el país, y cuestionaron a las autoridades fiscales por el acoso tributario a un sector absolutamente desprotegido. Así el conflicto estaba servido hasta que intervinieron los ministros de finanzas públicas y de culturas para pactar una tregua, entre tanto se elabore un proyecto de ley que regule las actividades artísticas en el país.

Como en cualquier disputa o forcejeo en el que intervienen los políticos de gobierno, la medida inmediata es congelar el problema, para provocar el olvido y el aburrimiento de quienes reclaman durante un espacio indefinido de tiempo. Mejor estrategia si se crean grupos paralelos a las partes en conflicto para generar acuerdos artificiales, distorsionar las verdaderas demandas y así colocar al gobierno en una situación dominante. Dicho y hecho. Se crearon asociaciones paralelas de artistas, unas afines al gobierno, otras no, que en desconcierto total se volcaron a la tarea de proponer leyes no sólo para proteger a los artistas; sino para demandar seguro médico, sedes sindicales, jubilaciones, bonos, entre otras ideas prebendalistas; alejando totalmente la atención del problema tributario planteado de inicio y desfigurando el verdadero propósito de anular el acoso del fisco, que es una de las malditas espadas que corta la inspiración y la creatividad del artista boliviano, en general.

Es que los dirigentes y líderes gremiales bolivianos nunca han sabido discernir entre lo urgente y lo importante. Creen que proponiendo una sarta de demandas sociales están cumpliendo su misión y satisfaciendo a su sector, sin siquiera meditar sobre la posible realización material de alguna de ellas. En sí todas las demandas, carecen por sí mismas de alguna acción protectora y estimulante sobre la cultura boliviana, y menos producen inmediatamente un efecto favorable entre nuestros artistas. Entonces, primero lo urgente y después lo importante. La primera tarea urgente para los líderes del sector es alejar al Servicio de Impuestos Nacionales  de cualquier expresión cultural del tipo que sea y en el lugar que sea, a través de leyes nacionales que determinen la no sujeción tributaria real; y la segunda tarea es que el Estado proteja y defienda los derechos intelectuales de los autores bolivianos, ante los embates de la piratería, endureciendo las penas de cárcel para los delincuentes que subyugan los derechos de nuestros artistas. Después de materializar estas tareas, cualquier demanda puede ser realizable, entre tanto son simples quimeras.

De persistir el acoso fiscal o la impunidad de la piratería socapada, lo único que se logrará es la fuga masiva de artistas y creativos a algún país donde sí los protejan; o en el peor caso se producirá un marchitamiento fatal e irreversible del patrimonio cultural y el desvanecimiento del potencial creador boliviano, como ocurre ahora, especialmente cuando el fiscalizador le arranca al artista un impuesto por delante y el pirata le roba sus derechos por detrás. Con estas condiciones ¿quién se atreve a cultivar alguna de las bellas artes?

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