¿Cómo matar seis pájaros de un solo tiro?

El pasado 12 de abril, el exvicepresidente Víctor Hugo Cárdenas; los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Quiroga; el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas; el líder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, y el actual alcalde de La Paz, Luis Revilla, suscribieron una declaración conjunta que propone medidas urgentes para salvar la democracia en Bolivia, muy deteriorada por el uso irrestricto e inmoral del órgano judicial para anular a los políticos opositores, por las ansias programadas para empotrar o conservar a los militantes masistas en los órganos judicial y electoral, además por el desconocimiento de los resultados del referendo del 21F.

Ni bien se publicó la declaración y bajo la lógica gubernamental para descalificar y menospreciar a los opositores, el vicepresidente García Linera convocó a debatir a los seis personajes que la firmaron. Faltó saber si lo hizo para reivindicar su papel protagónico como paladín masista o como el Torquemada contra la derecha boliviana. Lo que sí quedó claro es que tiene la abierta intención de liquidar a todos los firmantes de un solo tiro, cargando con insultos y diatribas. Como siempre lo que pretende es posicionarse como personaje superior y privilegiado entre los líderes de los movimientos sociales, cuyos ideales no conjugan con la democracia.

Este precipitado desafío colocó al vicepresidente a la defensiva y en un acto de soberbia se vio en la necesidad de aclarar que la convocatoria al debate la dirigió “a los seis políticos juntos… para que no se quejen luego de que los he abusado uno por uno” (sic). Esta no deja de ser la típica reacción de quien no quiere debatir con seriedad, por el contrario, todo parece indicar que el debate se habrá de convertir en un exhibición masista, con el propósito cierto de enfermar e insultar a los opositores, o dejarlos en ridículo sobre temas ya muy conocidos y trillados. Por ejemplo, a Doria Medina le irrita que el vicepresidente le haga recuerdo que tiene un proceso judicial amañado por causar daño económico al Estado en el caso Focas; a Ruben Costas le exaspera que le digan que ha empleado recursos públicos para un referendo, que según el gobierno, fue convocado en contra de la Constitución; a Jorge Quiroga le agría el alma saber que el gobierno le persigue injustamente por entregar los campos petroleros a privados sin autorización de la Asamblea. Y así cada uno de los seis firmantes correría el riesgo de recibir su dosis de infamias. Este espectáculo bien les habrá de gustar a los masistas y también a los mendigos de la política gubernamental, especialmente a los ilustrados azules que, por una bolsa de monedas, alaban y destacan el proceso de cambio de élites en el poder.

De buenas a primeras, el debate no será de atención urgente para la opinión pública o para el ciudadano común, y no será más que un evento circense ideado para regocijo  de los masistas. No le interesará al pueblo, como protagonista político, y se deslucirá mucho más si con sorna el vicepresidente se propone debatir “aunque sea” de literatura o matemáticas. Lo que los seis líderes deberían hacer es volcarse al pueblo y apologizar los puntos de la declaración, movilizar gente patriota en torno a los ideales y valores declarados, en vez de estar demostrando el vigor de sus lenguas para destrozar al vicepresidente. Ya deberían tener claro los firmantes que semejantes postulados expuestos en la declaración, no se negocian ni se polemizan.

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