El madurazo y los narcoestados

Desde que apareció esta mi columna en el papel periódico, nunca he dudado en criminalizar el populismo, especialmente aquel que ha sido diseñado y matizado con el estilo cubano. No nos equivocamos muchos analistas cuando predijimos que estos proyectos políticos de Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, bajo el apelativo poco convincente de Socialismo del Siglo XXI, iban a convertirse en unas dictaduras muy parecidas a su célula madre, la vieja revolución cubana. Dicho y hecho, el presidente Maduro el día jueves ordenó al Órgano Judicial de Venezuela que liquide la Asamblea Legislativa y obre un comando popular transitorio que institucionalice la tiranía. Por el mismo camino van Bolivia y Nicaragua en el corto plazo; y aunque parezca increíble también Colombia, que para 2018 la narcoguerrilla de las FARC intervendrá legalmente en las elecciones presidenciales.

Después del madurazo, la opinión pública se fue por la vertiente del repudio contra los gobernantes venezolanos por el autogolpe y sus actitudes que impiden la materialización de los ideales democráticos. No queda duda que la tiranía está en marcha, pero se han preguntado mis lectores ¿dónde quieren llegar los socialistas estos? Tengo una respuesta: a la institucionalización de los narcoestados de la cocaína. Hace cuatro décadas que los Castro en Cuba se convirtieron en los intermediarios estatales más importantes de la cocaína que ingresaba a los Estados Unidos, obviamente aquella fabricada en Colombia por los guerrilleros izquierdistas de las FARC. Luego entró en el circuito la Venezuela chavista que canalizó oficialmente hacia los mercados europeos los excedentes de la cocaína fabricada en el Chapare y parte de la producida en Colombia. En el circuito también se anotó Nicaragua, que abiertamente tolera y socapa el tráfico de cocaína por sus costas y puertos.

Las pruebas sobran para confirmar que el Estado Plurinacional de Bolivia se ha colocado el rótulo de narcoestado al legalizar, contra toda racionalidad, el incremento de los cultivos de coca en el Chapare, toda destinada al narcotráfico que opera en Caracas. Ahora en Colombia y desde la firma del acuerdo de paz, los cultivos de coca se han incrementado en cerca del 40% en un solo año, casi duplicando las 90.000 hectáreas hasta llegar a 180.000. No debemos olvidar que la guerrilla de las FARC ha controlado por medio siglo el 50% de los cultivos de coca. Sus exguerrilleros, ahora convertidos en cocaleros, van por más y se han propuesto no solamente controlar la coca en su totalidad, sino también constituir un narcoestado, como lo hizo el cocalero Evo Morales el año 2006 en Bolivia, obviamente con la asistencia técnica de Cuba.

Con el autogolpe de Maduro, lo que se ha desnudado es la reacción de los jerarcas del narcoestado venezolano para conservar sus parcelas de poder en la red transnacional de la cocaína. La liga de narcoestados no puede perder el eslabón de Venezuela, tan vital para la supervivencia de los cocaleros de Bolivia y Colombia, además para el futuro de la mismísima Cuba. Que desde el día miércoles estén presentes en La Habana, Evo Morales, con el pretexto de la cirugía de su garganta; el nuevo embajador de Bolivia en Cuba y los líderes de las FARC hace presumir que los narcoestadistas han conformado un comando conjunto que digita el trágico autogolpe en Venezuela. Esta no es una coincidencia. Se vienen días históricos.

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