Los jóvenes masistas y el efecto bumerán

A dos semanas de las virulentas y espontaneas manifestaciones en contra del Decreto Supremo Nº 748 que incrementó el precio de los combustibles y su apresurada abrogación, ya se notan las dos puntas de un inmenso témpano de problemas sociales muy difíciles de remediar. La primera punta esconde a los comerciantes bolivianos que han visto obstaculizado su futuro por los actos manifiestos de competencia desleal que ha desatado el gobierno con la incursión de EMAPA en el libre mercado, sólo con el fin político de generar una distorsión total en la comercialización de artículos de primera necesidad e identificar chivos expiatorios que paguen por su ineptitud administrativa. La segunda punta, irreversible y muy negativa para el gobierno, envuelve a los jóvenes bolivianos.

Estas gentes, aparentemente inmaduras, animaron sus protestas contra el descuido gubernamental a la hora de proteger la economía de las clases populares. Los jóvenes de El Alto y de Cochabamba, bastiones del masismo, salieron a las calles y mostraron sus dientes a Evo Morales para reclamarle por el excesivo autoritarismo que imprimió cuando, por interpósita persona, dictó el Decreto Supremo Nº 748, desnudando la abierta corrupción de su gobierno promovida por los cleptócratas azules que están postergando el desarrollo económico y enturbiando las soluciones para las profundas desigualdades sociales que ahora vive Bolivia, ya no por culpa del pasado, sino por los constantes y reinantes desaciertos gubernamentales sobre las principales cuestiones económicas. En esta primera quincena de 2011 un pesimismo oscuro se ha emplazado en los diversos grupos sociales temporalmente aliados con el Mas. Evo se dio cuenta que los jóvenes están con una sed insaciable de libertad, trabajo y dignidad, pero de lo que no se percató es que este mundillo del colectivismo socialista, en el que prima el malvivir, ya no se puede contender la frustración juvenil por no poder alcanzar sus expectativas. La insistencia con la que el gobierno masista está tratando de explicar la sordera de Evo que le impide escuchar a su pueblo no ha revertido la siembra de dudas entre la juventud sobre el futuro.

Poco podrá hacer el gobierno en este escenario. Los jóvenes (entre 15 y 30 años) en 2011 representan casi dos tercios de la población boliviana y se trata de un grupo social que, como siempre, confía en sus fuerzas propias; y que, por si acaso, ya no es tan analfabeta como eran los jóvenes del siglo pasado. La mayoría tiene por lo menos estudios primarios o secundarios, incluso universitarios; y esto le perturba al gobierno, mucho más si este grupo social está muy ligado a la información y la comunicación a través de Internet, es decir que la juventud boliviana sabe lo que pasa en el mundo, imita las experiencias exitosas y no se resigna tan fácilmente ante los conflictos.

El hecho de que un par de jóvenes alteños hayan tratado de quemar la estatua del Che Guevara en El Alto o que un grupo reducido de universitarios cochabambinos, en plena Plaza Principal, hicieran que el carro antidisturbios de la Policía retrocediera discretamente, parecen acontecimientos muy insignificantes y aislados; pero en realidad resultan muy difíciles de esconder en este laberinto del masismo plurinacional. Precisamente esta juventud desobediente le ha creado al masismo un ambiente de alta incertidumbre y seguramente Evo Morales ha visto con mucha preocupación que actores de la juventud estén más interesados en buscar soluciones políticas poniendo en práctica las metodologías callejeras que resultaron muy eficaces en las guerras del Agua y del Gas. Es que este tipo de maniobras, tan profundamente masistas, pueden devolver resultados malsanos contra su propio autor. Es tiempo de cuidar el futuro, de lo contrario el presente nos mostrará una contundencia mucho mayor que el simple golpe de un bumerán.

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