Los fusibles de la manfredumbre

Manfredumbre fue el sustantivo acuñado por los diestros políticos que terciaron en las elecciones generales de 2002, y fue utilizado para referirse a la multitud de ingenuos políticos que rodeaban a Manfred Reyes Villa. Fue esa mansedumbre que permitió a sus opositores arrebatarle el poder y el gobierno con un sinfín de argucias y estratagemas. En 2009, parece que la lección ya fue aprendida, pero aún persiste esa conducta letal de rodearse con personas poco agraciadas que deslucen su candidatura presidencial. En el artículo de la semana pasada habíamos pedido que los líderes de los partidos políticos de oposición privilegien la calidad personal de los candidatos a senadores y diputados sobre la muchedumbre. Dicho y hecho; las listas de diputados y senadores están plagadas de personas que no cumplen los requisitos elementales para ser legisladores de verdad.

Los perfiles profesionales y personales de cada uno de los candidatos nos dejan sabor a poco. No son los personajes probos e idóneos que esperábamos hagan de la candidatura presidencial algo digno de atracción; y de por sí mucho más límpida y aceptable la candidatura individual de cada uno de los legisladores. Es que los candidatos que aparecen en las listas siguen siendo las mismas fichas con las que se jugaba en las democracias arcaicas del siglo pasado. Mientras exista la figura jurídica del senador y del diputado plurinominal en la Constitución Política, poco de calidad podemos exigir; pero lo que ha prevalecido es el sistema de recompensas a las lealtades astutas hacia el líder máximo. Con la locución “ahora o nunca” se han revertido frustraciones personales de algunos candidatos; que no pudieron lograr, en el pasado reciente, la predilección del caudillo.

Después de conocer las nóminas de las senadurías y las diputaciones, nadie ha quedado contento. Ni los que aparecieron o debían aparecer como candidatos y menos los que votarán por ellos. Esta maniobra ha generado la sensación de que los tiempos que comenzarán en enero de 2010 serán los más desgraciados de la historia boliviana, en términos de fanatismo polarizado y falta de entendimiento. Justamente este presagio poco esperanzador nos indica que en ese campo de batalla sólo podrán lidiar esos senadores y diputados «prescindibles» o «fusibles». Si por desgracia salen elegidos, su trabajo será duro, mucho más duro si el caudillo que les protege sale elegido presidente. Lastimosamente esas tropas de diputados “no retornables” fueron alentadas por quienes (los de antes) han previsto que aquello que se viene incluye un riesgo mortal. Pensando de forma positiva la mejor recomendación que se puede dar a la muchedumbre de políticos que aparecen en las listas es que adquieran un seguro contra todo riesgo. Serán parte de un proceso ingobernable y caótico que destilará demasiado veneno. Pobres ellos.

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