Los deshabitados del Comité Cívico

La ciudadanía sensata ha recibido con una sonrisa estupefacta el inicio de la campaña “Construyamos la casa de los cochabambinos” impulsada por el Comité Cívico de Cochabamba (CCC) y que tiene la finalidad de recaudar dinero que les permita a sus dirigentes contar con una oficina propia para la sede o gestionar un modesto capital anticrético. Pocas personas sabían que un famoso alcalde del siglo pasado, muy alejado de las normas básicas de contratación y con dinero público, había suscrito un contrato de anticresis con el fin de permitir el funcionamiento del CCC, y ahora como resulta lógico el municipio ha pedido de vuelta ese dinero a los propietarios; y estos han solicitado a la institución cívica que desaloje las oficinas en la plaza Colón. Con esta imagen más las latas con ranuras para recaudar los óbolos menesterosos, se puede presagiar que el CCC ha entrado en un proceso de liquidación definitiva.

Es que el ente cívico nunca tuvo una ubicación privilegiada, siquiera para destacar esas latitas que recolectarían las dádivas de los cochabambinos para salvar al ente cívico de la quiebra. Ya se había aprovechado la Feria del Bicentenario para recaudar fondos y sufragar en ese entonces una deuda de algo menos de Bs. 200.000, ya que según decían sus directivos, al CCC le quedaban en caja algo más de Bs. 200. El 2010 aquel CCC ya estaba en ruina o hundimiento, porque con sus viejos paradigmas, ya  había perecido y merecía una liquidación digna, y de pronto los óbolos recaudados pudieron ya en ese entonces servir para ese fin, porque sencillamente había perdido su esencia de común denominador.

Si alguien está dispuesto a correr el riesgo de preguntar a los cochabambinos y cochabambinas sobre qué creencias o qué valores comparten entre sí para reunirse en torno a alguna institución; las respuestas desilusionarían a cualquier persona, especialmente a aquellas que buscan protagonismo en la sociedad, privilegios o una mejor posición social. Hace tiempo el CCC dejó de contener ese valor compartido del civismo, menos ha hecho esfuerzos para constituirse en un referente de orgullo que trascienda a las personas. Bueno sería que alguien nos muestre una línea de modernidad democrática dentro del CCC o de pluralismo. Lamentablemente el CCC se convirtió en un operador político más, que corresponde a las conductas totalitarias, frívolas y oportunistas que le impusieron los partidos políticos tradicionales del siglo XX y que han contaminado su esencia hasta la extinción; y precisamente ese civismo premoderno es lo que también le ha impedido levantar los ánimos cochabambinos.

Ya debería el CCC reconocer que nunca ha podido generar y modelar creencias e imponer valores que puedan ser compartidos de forma unánime, menos ha identificado aquellas intenciones ideológicas que permitan trascender la realidad nacional. Ya nadie cree en el paradigma que aún arrastra el CCC, simplemente dejó de ser, porque ni las instituciones que le conforman están obsesionadas en su pervivencia. Convendría, para el buen gobierno de quienes han decidido liderar los intereses difusos de los cochabambinos, entender que las cosas han cambiado y también las demandas sociales, porque poniendo una moneda en una latita o esperando que alguien diga algo desde una nueva oficina cívica pasa a un nivel secundario, cuando hay necesidades humanas más urgentes que atender, como aquellas que piden a gritos libertad y estado de derecho. Una habitación para el CCC puede esperar, porque la calle tiene que ser un buen lugar para comenzar, especialmente si se pretende recuperar el estado de derecho que nos arrebató el autócrata que habita el Palacio Quemado.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.