Los derrotados por el gasolinazo

Bajo la premisa: “no importa quién tiene la razón, si no quien tiene el poder”; el gobierno, por un acto de poder ha abrogado el impopular Decreto Supremo Nº 748 que elevó el precio de los carburantes y que desató una ola de protestas populares. “Es necesaria la medida, pero no es oportuna, he escuchado, he entendido las recomendaciones de los trabajadores y las organizaciones sociales”, admitió el presidente durante su mensaje en las últimas horas del último día del año 2010. En suma, el régimen masista por ahora cede, pero insiste en que tiene la razón, por lo que aplicará la medida, tarde o temprano, para “consolidar y garantizar el modelo de desarrollo productivo” y luchar contra el contrabando de carburantes; entonces el gasolinazo se posterga en el tiempo y queda como una tarea pendiente.

Sin duda que fue muy difícil para el gobierno dar marcha atrás, y pocas veces lo hizo en momentos tan álgidos; pero el venerable maquiavelismo de sus principales operadores nos permite prever que todo se trató de un ejercicio gimnástico que trajo consigo algunos puntos favorables para la presidencia y no pocos beneficios para sus opositores. ¿Quiénes ganaron? El presidente y el poder central, por doble partida. Primero, porque de las protestas populares sólo se identificó un común denominador que fue la continuidad del proceso de cambio y la profundización del socialismo comunitario; ya que en medio del estado de emergencia nadie ha propuesto algo nuevo o una alternativa al proyecto de Evo. Segundo, porque el estado de alarma le ha servido para identificar nuevos líderes de las clases populares, que sin discutir la autoridad de Evo y su liderazgo, han optado por protestar. Cohonestar a estos nuevos cuadros emergentes será muy fácil para el gobierno, y a base de prebendas ellos no tardarán en alinearse y ocupar los puestos vacantes de dejarán los masistas purgados y obligados a pagar el costo político de gasolinazo.

Entonces, ¿quiénes perdieron esta guerra? Como siempre la oposición política, que ha puesto en evidencia el peor de sus males: su fractura milimétrica. Pese al abandono en el que se encuentra ha organizado algunas protestas políticas muy mínimas y en solitario; que despertaron a unos personajes oxidados que estaban pretendiendo revitalizar el apoyo popular hacia su causa. También perdieron las clases medias, que falsamente han entendido que la abrogación del Decreto Supremo Nº 748 fue un triunfo construido a base de sus lamentos hipócritas. La clase media ha brillado por su indiferencia y apatía, para ella era riguroso el gasolinazo, como también lo fue su abrogatoria. Ni fu ni fa, y en palabras absurdas, el gasolinazo para la clase media boliviana no fue bueno ni malo, sino todo lo contrario (¿?).

Pero el gran perdedor fue el alcalde de La Paz, Luis Revilla. Este personaje llevará la peor parte y se verá obligado a festejar el próximo Carnaval, muy lejos del sillón edil y como un pepino más. Los operadores del gobierno no descansarán a partir de mañana lunes para defenestrar al MSM del municipio paceño, no por haber tratado de capitalizar a su favor el problema del gasolinazo, sino por haber osado liderar, con recursos públicos, los movimientos populares que son patrimonio del MAS. Con este panorama y al comenzar el año 2011 seremos testigos de la arremetida gubernamental para expropiar la Alcaldía paceña y entregársela a algún masista. Entre tanto a Evo sólo le queda promover cambios en su gabinete y encajar el costo político a algunos de sus ministros, viceministros, y otros líderes de movimientos sociales que dudaron a la hora de apoyar la medida. Esta es otra lección política más del arte pérfido que utiliza el masismo para convertir las derrotas en sonoros triunfos.

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