Llegó la hora del fútbol

Algún funcionario de alta jerarquía de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) ha enviado una carta al Presidente de la FIFA denunciando la detención y persecución contra los principales dirigentes del fútbol boliviano. A los medios de comunicación se les entregó una copia de la primera hoja de esta carta, despertando susceptibilidades sobre la identidad de quién firmó y ocultó la segunda hoja. Este hecho puede hacer presumir alguna negligencia administrativa, pero en realidad demuestra una desesperada actitud encaminada a defender no sólo a los líderes de un grupo organizado para cometer delitos, sino también para enfrentar la intervención directa del Estado, que para los dirigentes de la FBF es el Órgano Ejecutivo que “maneja el aparato de justicia en Bolivia” y el Ministerio Público que se ha convertido en “su organismo represor” y en un “apéndice funcional a los deseos de los gobernantes”.

Sólo un delirante o algunos apasionados podrán creer a estas alturas que el sólo hecho de que Carlos Chávez y otros máximos dirigentes del fútbol estén en prisión, está provocando un grave daño a la institución. La gente sensata y juiciosa ya veía venir estos acontecimientos negativos, fundando sus reproches en la forma descarada y abierta con la que los dirigentes deportivos, ahora apresados, han ido gestando todos sus talantes delincuenciales durante la última década. Lo peor de todo es que el presidente de la FBF en una actitud arrogante sigue comandando las operaciones de todos los funcionarios de la institución; además, continúa ejerciendo, con un semblante tan desafiante y poderoso, la Tesorería de la Confederación Sudamericana de Fútbol, sin que existan visos de que vaya a renunciar a su cargo. Este señor sigue con la chequera, no sólo para beneficiarse sino también para seguir distribuyendo las dádivas que sean necesarias para controlar las lealtades de sus afines, que no son pocos.

Si algo le está causando quebranto a la institucionalidad del fútbol boliviano es esa guerra sucia y de bajo perfil que se libra entre quienes defienden la organización corrupta al mando de la FBF y quienes la antagonizan con sistemas no menos corruptos y deshonestos. No queda duda alguna de que ambos bandos tienen la  influencia suficiente como para poner a prueba sus tácticas de arbitrariedad de unos contra otros. Sería un desastre que los próximos dirigentes del fútbol boliviano sean los cabecillas del grupo opositor, quienes intentarán coronarse y apropiarse del reino en la FBF, entre tanto sus enemigos están anulados y en la cárcel.

El hecho de que los jerarcas del fútbol estén acusados de organización criminal, legitimación de ganancias ilícitas, uso indebido de influencias, beneficios en razón del cargo, delitos tributarios y estafa con la agravante de víctimas múltiples, otorga la razón y los más elementales justificativos a los que creen que el fútbol está secuestrado y ahogado en pudrimientos. Todo parece indicar que la solución a este entuerto futbolero no pasa por la convocatoria a un Congreso Extraordinario en el que se sustituyan unos pillos por otros, sino por una cumbre reconstituyente en la que prevalezca el deseo nacional de ennoblecer los valores que sólo la práctica deportiva exalta; y el compromiso unánime de erradicar las pirámides criminales y la confrontación de intereses para aprovecharse del fútbol. Ha llegado la hora y toca atender los deseos de millones de jóvenes que incuban la gloria en las canchas de fútbol.

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