El diente del caballo regalado

Fueron muchos los obsequios que el presidente Morales entregó al Papa Francisco en el primer momento de su visita a nuestro país. Destaca el libro biográfico que Evo Morales escribió sobre su vida desde su nacimiento en Orinoca hasta su llegada al Palacio Quemado, donde pretende perpetuarse. Este documento exalta la egolatría del gobernante y forma parte del programa oficial de culto a su personalidad. A cambio el Papa le entregó su última encíclica, sin duda un regalo “más sencillo” como bien manifestó el sumo Pontífice. Pero el regalo que más polémica levantó fue un amago de crucifijo en el que destacan una hoz y un martillo, con el cuerpo de Cristo crucificado. La explicación simbólica que dio el Presidente al Papa encarna a los campesinos (hoz) y los obreros (martillo) en su lucha cristiana contra la pobreza.

Si esto es así entonces estamos obligados a mirar el diente del caballo regalado, porque el episodio ha provocado distintos impactos en las mentes de los ciudadanos del mundo entero, que no tardaron en reflejar sus opiniones en los medios de comunicación y en las redes sociales. A la mayoría de la gente no le quedó tan clara la simbología contradictoria que representaba ese artilugio regalado, porque hasta el Papa comentó con toda vehemencia que “eso no está bien”. Como la noticia dio vuelta al planeta, el peor parado ante la opinión pública mundial resultó siendo el mismísimo obsequiador, criticado por su mal gusto al forzar una interpretación simbólica, que a estas alturas de la historia y en pleno siglo XXI, ya se entendía superada.

Tal fue la descarga de insultos y escarnios literales contra el presidente boliviano, que los encargados de exaltar el ego y la personalidad del primer mandatario, salieron al paso para advertir el origen del objeto que tenía incrustado a Jesucristo. En suma, se lavaron las manos; y dijeron que el objeto nunca salió de la mente de Evo Morales, como quien se disculpa por semejante metida de pata. El propio presidente endilgó y encajó la autoría del objeto al difunto sacerdote jesuita Luis Espinal Camps y la réplica a un artista muy vinculado a las billeteras de gobierno. Otro sacerdote jesuita también trató de revelar el origen simbólico del artefacto y la negación de que Espinal habría sido marxista; pero en la medida que sumaban las explicaciones, sobraban las complicaciones para todos los involucrados.

El entorno del Papa jesuita, no tardó en recoger algunos indicios que rebalsaron después del incidente; y seguramente concluyeron que la idea de este crucifijo tan llamativo, surgió allá por la década de los 70 del siglo pasado, cuando la teología de la liberación trataba de aliar a los marxistas soviéticos con los cristianos de izquierdas en su lucha contra el imperialismo americano, en medio de la Guerra Fría. También ya se sabe que en las entrañas de la orden católica de San Ignacio de Loyola existen células que estimulan cuestionamientos irónicos sobre el accionar del sumo Pontífice durante esa década. En fin, los sacerdotes jesuitas resolverán este problema intestino con su peculiar estilo de sesionar. Pero en esta guerra mediática, el presidente boliviano llevó la peor parte, porque sus obsequios terminaron ahogados con la indiferencia papal. Si bien se recomienda a los seres sensatos aceptar los regalos de buen grado, sin resaltar sus defectos o fallos, en esta oportunidad todos hemos terminado mirando el diente al caballo regalado, aún su diseño pertenezca a un sacerdote jesuita.

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