¿Libertad sólo para Leopoldo? … mejor para todos

El gran drama personal que vive el candidato opositor a la vicepresidencia, Leopoldo Fernández, ha influido notablemente en las campañas electorales del oficialismo y de la propia oposición. Es pues, el único tema válido que ha simplificado el debate electoral y que al mismo tiempo ha concentrado y capitalizado la atención de la ciudadanía, como si de este asunto dependiera el futuro de Bolivia. Pocos se dieron cuenta que se ha dejado de lado lo más importante: la contienda ideológica y la presentación de alternativas centradas en los valores de desarrollo humano.

La oposición política de este país ha limitado su trabajo de campaña a una celda del penal de San Pedro, donde está recluido Fernández, generando la sensación de que la exaltación de la libertad individual, el estado de derecho, el derecho a la libre expresión y el libre ejercicio de los derechos electorales no existe en otro lugar que no sea ese. Lamentablemente han descuidado de forma alarmante la recuperación y defensa de otros derechos que también son dignos de encumbrar entre todos los bolivianos y bolivianas a lo largo del territorio nacional. Millones de mujeres y hombres que votarán en diciembre próximo están y siguen buscando alguna causa o algunas promesas, pero hasta ahora no han encontrado nada, simplemente nada.

Fernández no es el único cautivo en este país, también existen más de 2,5 millones “biometrizados” que se encuentran cautivos en sus domicilios y que sienten temor por la dictadura comunista se consolidará de forma irreversible. A esos detenidos y detenidas es que los candidatos opositores se deben dirigir; para mostrarles alternativas positivas sobre valores humanos que les permitan escoger entre el bien y el mal, por lo menos. Todos ya hemos coincidido sobre la espectacular movida política que significó en su tiempo la nominación del candidato vicepresidencial de la oposición. Este momento fue digno de resaltar, pero no podemos estar subidos exclusivamente en este hecho y en aquella celda, sin poder flexibilizar nuestra atención hacia algunas alternativas creativas y novedosas que se pueden proponer sobre propiedad privada, intimidad, principio de legalidad, sexualidad, entre otras.

Existe una numerosa clase pensante, educada y libre en este país que está por tomar decisiones sobre la mejor candidatura; y esta indecisión aún no le permite influir en su entorno para señalar alguna dirección política a otras personas afines. Esta clase hasta ahora no ha encontrado los argumentos para inclinar la balanza. De hecho el equilibrio se ha roto esta semana cuando la dictadura de Evo Morales avanzó contra natura, concentrando en sus filas de comunistas a las barrasbravas, los egoístas, los violentos y los radicales fascistas en la ciudad de Santa Cruz, quienes aparecieron mezclados y revueltos peligrosamente con la “fraternal clase media”, los comunitarios y los pacifistas moderados a la cabeza de Ana María Romero en la ciudad de la Paz.

Todos los candidatos, oficialistas y opositores, parece que han acordado clandestinamente no debatir públicamente sobre sus propuestas electorales (que aparentemente no las tienen, con algunas excepciones muy minoritarias), pero sí han convenido seguir con esa cantaleta monótona que les ha hecho perder bastante tiempo, desluciendo el proceso electoral con la infeliz tarea de cautivar votos a punta de reclamos por la libertad de Leopoldo Fernández, o por su eterno cautiverio. Famélico favor le han hecho a la democracia los que están persistiendo en este tipo de conductas tan dañinas. La población ya está cansada y es hora de animar un verdadero y serio proceso electoral que permita, a quienes tenemos que elegir, optar por razones eminentes. Lo mejor sería que el gobierno haga callar a sus carceleros y se ponga a hablar más de democracia y pluralismo, así como los candidatos de la oposición deberían hablar menos del arrestado Leopoldo, y ponerse a hablar más de valores positivos sobre la libertad, pero eso sí … para todos. Ojala no sea demasiado tarde.

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