Ley Corta huele como agua de florero

En el nuevo escenario del Estado Plurinacional de Bolivia se ha impuesto la partidocracia del masismo. Una verdad tan incontrastable que resulta ya ridículo emplazar a la oposición política para que asuma su papel de enfrentar a la fuerza política dominante. La anulación sistemática de los líderes opositores, el acostumbrado turnismo de los partidos tradicionales y la soledad desértica de los asambleístas opositores, son los embriones malignos que han ido deformado la democracia. Este ambiente tan fructífero para el gobierno no sólo ha sido resultado de la aplicación disciplinada de su plan de dominación, sino también fue cosecha de los desaciertos reiterados de la oposición política, que voluntariamente se ha sintetizado, como si de un adorno se tratara.

La asambleísta cruceña Adriana Gil, que decora las filas opositoras con su frondoso currículo de ex masista, ha reconocido públicamente que su grupo opositor cumple el papel de “florero” (adorno) en la Asamblea Legislativa. Nada más claro, cuando el pasado viernes, en tres horas y 20 minutos, la mayoría oficialista aprobó el proyecto de Ley de Necesidad de Transición a los nuevos entes del Órgano Judicial y Ministerio Público, que ha venido a denominarse Ley Corta y que le da al Presidente el poder omnicomprensivo para designar a autoridades judiciales. La norma fue tratada en las comisiones legislativas; y el oficialismo recurrió a su rodillo para aprobarla, sin que la minoría opositora utilice su derecho de voz (voto no tiene) y reclame el respeto a los procedimientos constitucionales y legislativos. Estos “asambleístas de florero” con algunos argumentos muy neutros no han podido cambiar la conducta dominante del partido de gobierno. La oposición está tan desorganizada que ni siquiera presentó un proyecto alternativo para su discusión.

No debemos olvidar que en pleno funcionamiento del Estado de Derecho republicano, que imperó hasta el año 2009, los tres poderes interactuaban en democracia con un claro predominio del legislativo; y por lo general entendíamos que en el Parlamento descansaba la soberanía y ahí se desarrollaba la vida política, lo que sin duda provocó inestabilidad de los gobiernos del pasado, que explotaron el turnismo entre oficialismo y oposición. Con la aparición del Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, el 22 de enero de 2010 se ha girado hacia el reforzamiento del órgano ejecutivo, y la primera muestra gratis de la partidocracia se consuma con el otorgamiento de plenos poderes al Presidente para que elija jueces y magistrados; gozando de la taciturna anuencia de una oposición entumecida.

Los procedimientos poco convencionales que se están utilizando para controlar los tres poderes de forma simultánea desde el Palacio Quemado, han resultado muy despóticos, y lo que corresponde es sustituirlos con actitudes limpias y decentes, de tal modo que hasta los asambleístas de florero, renueven sus aguas. Si no ocurre esto, todo seguirá oliendo mal.

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