Lección de reelección

En esta última década los movimientos sociales afines al gobierno ya han aprendido cómo doblegar al Estado de Derecho, negociar con la justicia y apostar con la ley como si de unas fichas prescindibles se tratara. De una manera acordada y simultanea todos los autómatas del oficialismo han comenzado a entonar unos estribillos uniformes para justificar la releección o repostulación (como quiera llamarse) de los dos altos mandatarios de este humilde país. Las voces sumisas, caricaturescas y antiestéticas, que los acólitos azules han decidido esparcir por todas las esquinas son: “es el mejor líder de toda la historia”, “no hay hombre o mujer que lo reemplace”, “no ha nacido alguien más honesto que él”, “ha creado fuentes de trabajo digno”, “él es nuestro salvador” o “es un glorioso revolucionario”, entre otras ficciones.

Esta vez me toca aludir directamente a las dictaduras férreas de los Castro, Mugabe o Al Azad, entre otros ejemplos tétricos del pasado; y lo hago sólo para destacar el denominador común entre ellos: todos fueron “reelegidos”. Y de verdad que me sobran las razones para afirmar que detrás de este proyecto existen propósitos oscuros. En esta oportunidad sólo quiero remarcar lo que dijo alguna vez Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, cuando afirmó que «una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática.» Esta conclusión es precisamente la constatación real del camino que han elegido aquellos que están pretendiendo alejarnos de la libertad.

A estas alturas, reelección indefinida es sinónimo de dictadura, y ese es el rastro que han diseñado los gobernantes para lograr sus objetivos de perpetuación en el poder. Todo parece indicar que el Presidente boliviano y sus operadores han reacomodado sus fichas en el tablero, así como han reforzado sus opacos compromisos con algunos líderes venales, muy funcionales para exaltar los ánimos de los cocaleros y otros movimientos sociales para que, con violencia o sin ella, coaccionen a la ciudadanía para fertilizar la idea de que la reelección se constitucionaliza sí o sí, y como sea. Desde Palacio Quemado ya se divulgó la advertencia que en este próximo mes de octubre sobrará la intimidación si no se ha concretado la ley de reforma constitucional que viabiliza la reelección. Esta ley será empujada por agentes azules que se están preparando para obligar a todos los bolivianos a asentir la reelección. ¿Qué más se puede esperar?

Los bolivianos libres y sinceros deben ya alzar la voz para decirles, con toda vehemencia, a los líderes del gobierno que no les convencen con esos argumentos filosóficos diseñados, con “mucha ternura”, para justificar la reelección de cualquiera de los mandatarios. También lo que tienen que hacer es recuperar la confianza en sí mismos para restablecer el orden institucional, recuperar el Estado de Derecho y propagar entre los conciudadanos la esperanza y la libertad; porque ya no queda duda de que la corrupción y sus parásitos oficiales proliferan cuando se anulan los derechos y garantías, multiplicándose mucho más si sus líderes se inmortalizan en el poder, por la vía más fácil: la reelección.

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