¿Votar es pecado?

Fueron muy pocos los ciudadanos que quedaron impactados por la actitud que adoptó una ex dirigente masista, ahora muy activa en el bando de la oposición, cuando públicamente incendió el proyecto de estatuto autonómico de Cochabamba en la plaza principal de la ciudad. El fuego llegó hasta las altas esferas del Gobierno; y con el calificativo de “salvaje”, fue el Ministro de Autonomías que condenó este hecho como si se tratara de una tendencia a la instigación de carbonizaciones. En fin, a mí me pareció un simple reclamo, pero esta llamarada intrascendente me trae a la memoria los relatos de La Divina Comedia de Dante Alighieri, que versan sobre las enseñanzas magistrales que el poeta Virgilio desarrolla sobre cada uno de los niveles del infierno y el purgatorio, además de la forma como puede utilizarse el fuego, los lodos hediondos u otras podredumbres para castigar a los pecadores que habitan entre las tinieblas y así tengan que pagar por sus pecados y delitos cometidos en su vida terrenal.

Es que todo este proceso de la elaboración de los estatutos autonómicos, ha pasado por muchos niveles infernales, desde la elección de los personajes que redactaron los proyectos, pasando por su “socialización” y terminando en la aprobación encargada a los ciudadanos. En esta etapa electoral es que se notan las caras pecaminosas de los seres facultados para emitir el voto final, que definirá si el proyecto es útil o inútil. Es que el sólo hecho de escoger entre el SI o el NO ya descubre en cualquier ciudadano su calibre moral para elegir, así como se desnudan sus vicios a la hora de preferir malsanamente por cualquier opción.

En toda la campaña mediática y electoral que se ha desarrollado para ganar el voto de la ciudadanía, se ha notado una fuerte tendencia de todos los bandos para demonizar el voto contrario. Ironizando diría que las campañas fueron de tan baja calidad que sólo terminaron esparciendo actitudes infernales y pecaminosas de sus promotores, a través de las redes sociales. Es así que los que han empujado el voto por el Sí, oficialistas todos, han traslucido una actividad relajada que raya en la soberbia y el envanecimiento por la contemplación del proyecto redactado por sus propios acólitos con el menosprecio de las otras propuestas. En cambio, en el bando de los que impulsaron el No, fueron muy pocos los argumentos convincentes que se propagaron para estimular el voto negativo de forma responsable, por el contrario se simplificó la campaña del No, con el derramamiento extremo de la avaricia y la codicia entre los ciudadanos, tan sólo con el argumento que supuestamente conlleva la atribución “depravada” de la asamblea departamental o del gobernador para expropiar bienes.

Como ya es costumbre, los que inspiran el voto nulo trasuntan una actitud muy relacionada con el pecado de la ira contra el sistema y toda la humanidad que promueve la autonomía departamental. Y los pecados de la pereza y el ocio es lo que caracteriza el ánimo de quienes votarán en blanco porque su negligencia no les permite hacer una elección juiciosa, convirtiéndose en una tarea casi imposible y odiosa. En este día de referendo autonómico no importa como vote el elector, lo que debe preocuparle es el pecado que está cometiendo al votar. Tras el recuento electoral, sólo importará que pecado prevalezca. ¿Será la soberbia o la codicia? Los demás pecados no cuentan según el Tribunal Electoral Plurinacional.

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