La teoría piramidal de Keops para petrificar y perpetuar las autonomías

El proceso de construcción de pirámides, sean monumentales o sencillas, es bastante simple. En primer lugar se debe ubicar una gran cantera, luego extraer bloques lo bastante fuertes y sólidos, como para tallarlos en formas cúbicas y estables.  Después, unirlos ordenadamente con otros bloques parecidos; y siguiendo un plano factible (no quimérico) se puede constituir una pirámide, que por la magnitud y su buena construcción puede parecerse a la de Keops.  Las autonomías departamentales son esos bloques que se necesitan para construir ese estado piramidal, ordenado y democrático que alentamos.

No se construyen pirámides con objetos heterogéneos, menos con pasiones plurinacionales, peor con cilindros pétreos que generan resentimiento racial, paralelepípedos rocosos que desdeñan lo citadino, conos pedregosos alejados de la modernidad y menos con esperas de piedra que amenazan la libertad.  Si agrupamos estos elementos al azar; el resultado puede ser ruinoso.  De muestra tenemos ese montón de piedras descargadas por la volqueta de la Constituyente. Ese trozo amorfo no es otra cosa que el proyecto de constitución política aprobado en Oruro a fines de 2007.

Si algo le molesta al gobierno es el ímpetu autonomista de los departamentos.  Porque comenzando desde abajo (desde la base); los movimientos ciudadanos, y no los sociales, han demostrado ser el único elemento aglutinador sin distinciones raciales, nacionales u originarias, o de cualquier otro tipo.  La bolivianidad resulta ser la cantera de la que se extrajeron cada uno de los bloques autonomistas, comenzando por los municipales y terminando en los departamentales; y que cada día van tomando fuerza y uniformidad. 

En el proceso constituyente que se desarrolló a partir de 6 de agosto de 2006 se hicieron las cosas al revés.  Se comenzó la construcción de la pirámide desde la punta, sin haber siquiera perfilado los bloques que eran necesarios para fundar una base firme y consistente en el tiempo. Se lograron unos planos en papel que inducían a una bárbara propuesta para crear un estado plurinacional contrahecho y que desconocía totalmente los principios básicos del equilibrio y la gravedad. Es por eso que el proyecto de constitución se cayó, y si aún no se cayó, simplemente se está derrumbando.

Cada uno de los departamentos, y sus líderes deberían fortalecer plenamente las autonomías sobre la base de esos bloques perfeccionados en el tiempo, como son las autonomías municipales, y sí que son experiencias autonomistas exitosas.  La iniciativa legislativa ciudadana y los libros abiertos para pedir firmas a favor de un referendo autonomista representan la base del proyecto de un estado nacional sólido.  Si el MAS hubiera siquiera adoptado la metodología de la iniciativa ciudadana para llamar a la Constituyente (sólo para llamar) y llenar unos libritos con 50.000 firmas, otra sería la historia.

Corresponde ahora impulsar con total vehemencia la redacción de unos proyectos serios de estatutos autonómicos. El primer artículo de los estatutos debería declarar el sometimiento pleno a la Constitución Política del Estado vigente, y dentro de ese marco normativo impulsar la ley que permita el referendo para aprobarlos. Una vez se consolide el proceso autonómico, será la oportunidad en la que podamos pensar en la idea de refundar el país.  Pero lo que hay que evitar es concurrir a los referendos amañados para ratificar una constitución diseñada en una “cancha democrática” inexistente y en la que el sentir democrático de la mayoría de la nación no ha jugado nunca. A nadie se le puede preguntar si está de acuerdo o no con el resultado del partido de jockey sobre hielo que se jugó anoche; si nunca jugó, nunca fue a ver un partido, no conoció a los jugadores y las reglas; y peor si ese deporte existe o se practica.  Pero de autonomías sí sabemos.

Todos los bolivianos y bolivianas, especialmente las personas que al haber confiado en el MAS, están sintiendo un abismal descalabro o una salvaje frustración con el proceso que ha degenerado en la nula propuesta de constitución política, sencillamente tienen el deber de participar, firmar los libros autonomistas y votar, solo y exclusivamente, por la aprobación o rechazo del estatuto de su propio departamento; y no concurrir a esos referendos para definir una constitución que no habla de nosotros. El camino a la autonomía departamental es irremediable, y en esa cancha sí jugamos.

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