La médula africana de Evo Morales

El Cóndor de los Andes, es la más alta distinción que el Estado Plurinacional de Bolivia otorga a ciudadanos e instituciones nacionales o extranjeros, por los eminentes servicios que han  prestado a la Nación y a la humanidad. Es que en esta oportunidad el beneficiario es un opresor verídico y un campeón de la corrupción en el continente africano y de la violación de derechos humanos en su país. El jueves pasado, el autócrata de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema llegó a La Paz y se reunió con Evo  Morales, después firmaron unos insustanciales “acuerdos de cooperación”, y para terminar el dictador africano fue condecorado con la máxima presea en el grado de Gran Collar. Que devaluación más horrorosa.

Más bien que Robert Mugabe, el presidente de Zimbawe, recientemente depuesto, no ha visitado Bolivia, porque de haberlo hecho, también hubiera merecido el Gran Collar por haber permanecido en el poder por más de 37 años ininterrumpidos, y negociado una inmunidad política (léase también impunidad) encubriendo así su faceta como represor, megalómano y dictador. Esa inmunidad es la que también acaricia profundamente para sí mismo, el dirigente cocalero que nos gobierna al mejor estilo africano. Ya queda claro que Evo Morales nos reiterará más allá del cansancio su deseo más íntimo para aferrarse al poder y así entrar en esa competencia mundial por permanecer la mayor cantidad de tiempo gobernando a los pobres bolivianos; y superar las marcas registradas por sus homólogos africanos.

Ya no debería preocuparnos la forma como entregan gratuitamente los gobernantes azules nuestra mayor joya a personajes de esa talla infame. Nicolás Maduro también la recibió de las mismas manos en 2013. Lo que debería perturbar nuestra dignidad nacional es el hecho de que Evo Morales se ha mostrado tan adulador y zalamero sólo para congratularse con el falso éxito que ha experimentado Obiang, enganchado en el poder durante 38 años consecutivos, al materializar “la estabilidad política y social que garantiza el crecimiento económico” en un país tan pobre y corrupto como Guinea Ecuatorial. Llevando la desvergüenza al extremo Morales le ha preguntado a Obiang: “¿Cómo gana las elecciones con más del 90%?, ¿qué acuerdos hay que hacer?, ¿hay opositores?” (sic); además  remarcó que existen diferencias entre la democracia occidental y la democracia comunal, “pero el acercarse o pasar el 90%, yo siento que se acerca a una verdadera democracia comunal”, dijo.

Hace unos días atrás ya había escuchado ese giro nuevo en la lengua de Evo Morales: democracia comunal. Estoy absolutamente seguro que se está madurando en los circuitos oficiales la posibilidad de anular toda la Constitución Política vigente que responde a esa forma de gobierno democrática participativa, representativa y comunitaria, que está basada en el sistema occidental de mayorías y minorías; y reemplazarla por una democracia comunal para que la “toma de decisiones se realice por consenso” (¿?), especialmente cuando se trata de perpetuar en el poder al mandamás, porque sencillamente las “mayorías occidentales” se lo impiden, como ya es histórica la experiencia del 21F. Entonces lo que se viene para 2019 no es una reelección, sino un proceso constituyente que consolide la tenebrosa y opaca democracia comunal.

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