La esperanza de Obama y el lamento boliviano

El 44º presidente de los Estados Unidos en su discurso inaugural ha mandado una seria advertencia a los gobernantes del mundo que están aferrados al poder por medio de la corrupción, el miedo y el engaño, reduciendo la oposición al silencio. Entre esos líderes aludidos está Evo Morales, presidente de un país que sólo ve en su horizonte una espiral de violencia. El equipo político de Barack Obama ya sabe que nadie en Bolivia estará dispuesto a reconocer el resultado del referendo constitucional, que le sea adverso. El SÍ perdiendo con un 40 o 49% tiene los argumentos necesarios para revertir su frustración y su fracaso poniendo toda la carne de los movimientos sociales en el asador y provocar una carnicería sin fin. El NO perdiendo por cualquier porcentaje, querrá cuestionar el proceso por fraudulento; y los ganadores obligarán por la coacción para que se respeten los resultados. Muy lejos de la pacificación, lo que el gobierno quiere es infundir pánico y provocar que muchos honestos ciudadanos reaccionen crudamente y salgan de sus fueros. El miedo es una peculiaridad que se ha agregado a la sociedad boliviana en las dictaduras y en la democracia; pero como nunca, el pavor está tan difundido en la población, que ha llegado a contaminar hasta los más valientes.

Barack Obama ya le extendió la mano a Evo Morales, pero con la condición de que abra los puños. Muy lejos de abrirlos y por lo contrario el MAS ha perfeccionado las mejores armas de dominación política y de control social para consolidar su dictadura: la amenaza y la intimidación a través de los movimientos sociales. En días pasados, el diputado Gustavo Torrico del MAS, que controla a las juventudes alteñas y cocaleras afines al gobierno, ha pronosticado unos escenarios de inseguridad ciudadana colmados de violencia, que se reflejarían en las “peligrosas” consecuencias si el NO gana el referendo. El uso político del miedo desde Palacio Quemado, persigue el control de la población boliviana en torno al discurso del poder popular, la beatificación del comunismo y la satanización de la democracia occidental. Así los lamentos se multiplican en este infierno.

Desde la Casa Blanca, el primer presidente negro de los EE.UU. le dijo sinceramente al primer presidente indígena de Bolivia que escoja “la esperanza sobre el miedo” y que evite someter a la sociedad boliviana en ese proceso totalitario y comunitario que ya está colmado de corrupción.  Mañana lunes sabremos si de verdad el gobierno ha amañado conciencias crueles y sañudas para infundir miedo o ha preferido oír atentamente las voces de la esperanza.

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