La diferencia: Bachellet 53% – Morales 54%

La socialista Michelle Bachelet el día de ayer ha tomado posesión del cargo de Presidenta de la República de Chile.  Hay que reconocer que este país es el más pequeño en términos territoriales y el más eficiente en desarrollo económico y social, generador firme de riqueza y campeón de la transparencia en Latinoamérica.  Chile tiene una economía abierta, un sistema neoliberal con profundo compromiso con la clase trabajadora y los menos favorecidos; y es uno de los países americanos más interesados en celebrar acuerdos de libre comercio con grandes potencias económicas como los EE. UU., Europa, India, China, entre otros. En suma, es un país que vive en el siglo XXI y se alejó con éxito de la década del 70.

En la ceremonia de toma de posesión de Bachelet estaba el presidente boliviano Evo Morales y se notaba su preocupación sobre el futuro de Bolivia, luego de palpar la realidad chilena. El se preguntaba si los ciudadanos bolivianos podrían merecer igual suerte que sus pares chilenos.

Los socialistas de Chile han estado coaligados con partidos de centro izquierda para sostener un sistema económico contrario a sus ideales políticos, pero en plena sintonía con la mejora y el bienestar de la clase trabajadora.  No se debe olvidar que el sistema económico liberal que administran estos socialistas lo heredaron del derechista ortodoxo Pinochet, ahora juzgado, no por sus crímenes políticos, sino por defraudación de impuestos, que son el mejor alimento del modelo.

Evo Morales ha heredado Bolivia con el mismo sistema económico, pero con índices de corrupción preocupantes, sin fines de lucro y con ánimo de pérdida.  El presidente boliviano, que es socialista, se ha propuesto destruir el modelo económico neoliberal y sustituirlo por un modelo diabólico creado por castristas y chavistas, todos unos locos sueltos que ingresan en cualquier lugar, menos en Chile. 

Si lo que corresponde es convivir con el sistema y otorgarle por todos los medios una faceta profundamente social a favor de los trabajadores, con el compromiso de los empresarios bolivianos. El liberalismo económico está incrustado en la mente y la actitud de los bolivianos, que sobreviven gracias al sistema, y saben que no aguantarían cinco minutos con un régimen expropiador y colectivista, proyectado por los charlatanes del populismo.

Evo Morales debería aprender de Michelle Bachelet que los instantes que siguen al triunfo electoral son los momentos de mayor peligro.  Debería nuestro mandatario dejar de insultar, acusar sin pruebas, chantajear, obligar para renunciar cargos, entre otras maniobras; y ocuparse de la generación de empleo y riqueza para todos los bolivianos sin excepción,  La arrogancia y la impertinencia no son tarjetas de presentación de Bachellet y por esta razón ha sabido medir sus fuerzas para no llegar a instancias, que de pronto, no podría controlar.  A Morales le sobran ganas para comenzar a trabajar a los cinco de la mañana, nada más.

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