La clase media que quemó a Evo

El pasado viernes en un evento oficial realizado en la ciudad de El Alto, el ciudadano presidente dijo, con mucha ardor, que con la campaña por el voto nulo y su materialización en la última elección de autoridades judiciales “sólo los de la clase media salieron perjudicados” y por no votar por sus magistrados azules. Sin duda los que salieron beneficiados fueron sus “hermanos aymaras y quechuas” de apellidos Mamani o Quispe, que se han apoderado del Órgano Judicial. Además dijo: “Quienes han dicho voto nulo y pifiado solo perjudicaron a la clase media. Claro ellos dijeron no voten y la clase media no votó por la clase media”. ¿Qué quiso decir el ciudadano presidente? ¿Vendrá el castigo por anular el voto y no votar por los candidatos oficialistas? ¿La clase media será condenada no sólo con la indiferencia del poderoso, sino con el repudio discriminador de aquellos cuyos apellidos originarios fueron anulados en las papeletas? Para los que mente sana esto es un simple absurdo.

Pero para salvar al ciudadano presidente de esta monumental metida de pata, desde las esferas gubernamentales que contralan y enredan la información, seguramente tratarán de embutirnos uno de esos clichés oficialistas tan aburridos y manoseados como aquel que indica: “la clase media está comprometida con el proceso de cambio y que los gobernantes han reforzado el vínculo con una clase social tan agredida y menospreciada por el neoliberalismo de gobiernos del pasado”. Es que resulta comprensible que el gobierno busque culpables del desastre electoral del 16 de octubre pasado, porque ha sentido en carne propia que sus decisiones políticas ya no son obedecidas a ciegas por sus acólitos “clasemedieros”, que con el voto nulo han relajado la disciplina interna en las columnas de revolucionarios azules y que hasta poco le socorrían con una mayoría constante del 64% en la votación popular.

Todos sabemos que no fue la oposición política la que logró influir en la clase media para tomar la decisión de anular votos y derrotar al Gobierno, sino que los propios “clasemedieros” se desmarcaron voluntariamente de los designios del primer mandatario porque se encontraron en medio de un gran fraude por el incumplimiento de las promesas. Esa falta de honestidad y reciprocidad ha terminado acosando a un presidente que hoy en día está titubeando y ahogándose con su propia lengua.

Exactamente hace un año, las Naciones Unidas presentaron el informe de desarrollo humano que confirma el hecho de que entre 1999 y 2007 la clase media en Bolivia ha crecido de 2,4 a 3,6 millones de personas, de las cuales el 40% son indígenas. Así dice y reza ese informe que tanto agradó al mismísimo ciudadano presidente que no dudó en presentarlo como un resultado de su gestión gubernamental. Bajo los supuestos oficialistas irónicamente podemos afirmar que todos los indígenas de clase media son masistas, pero existe el otro 60 % de la clase media que ha quemado la imagen del presidente y ya no cree en él; y por eso debe ser  considerada como una clase traidora al proceso de cambio, depurando previamente a todos los individuos de clase media que, sin ser indígenas, tienen apellidos originarios. Esto es ridículo y lo es más quien traslada su propia derrota en una clase media que ya no le obedece y se mofa de su pragmatismo. Evo ya no es santo de devoción entre los hijos defraudados de este proceso de cambio, que ahora buscan alternativas para entregar el poder a personas más sensatas.

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