Infierno fiscal 2.0

Cuando los contribuyentes del sistema tributario nacional emiten una crítica, del calibre que sea, contra el trabajo del Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) ocurre que tienen un punto de vista equivocado y sesgado. Por supuesto que no es así, porque el contribuyente es quien paga los tributos y tiene una óptica muy distinta del ente fiscal que los cobra. No existe contribuyente registrado en este país que no tenga un criterio mínimo sobre las formas que utiliza el SIN para consolidar su terrorismo tributario, como así denomina a esta arremetida mi amigo Luis Christian Rivas Salazar.

Los servidores públicos registrados en las líneas azules, ya tienen la instrucción de humillar a quienes califiquen como infierno fiscal a nuestro sistema tributario, porque estas críticas resultan poniendo en riesgo y desestabilizando la política tributaria boliviana. Es que resulta impresionante que unos socialistas tan radicales, como los que nos gobiernan, se jacten de defender una política tributaria tan desigual y confiscatoria; y tan neoliberal y capitalista en su diseño y eficacia. Hay una mentira nefasta cuando se pretende hacer creer que exponer públicamente algún punto crítico contra la normativa tributaria, es un hecho riesgoso y peligroso para la economía nacional. Como también es falso que el SIN previamente consensue o socialice sus normativas antes de aprobarlas y aplicarlas. Siempre las publica primero y dependiendo de las reacciones de los contribuyentes, las sostiene o las modifica por presiones, nunca como un resultado del diálogo o la concertación. Si la Administración Tributaria y sus servidores se sinceraran podrían acoger de buena manera estas críticas y canalizarlas en el perfeccionamiento de la normativa fiscal boliviana.

Es que la normativa tributaria está contaminada desde sus orígenes con vicios formales inexplicables. Resulta que las normativas reglamentarias del SIN son aprobadas por el Presidente de un Directorio que no existe en los hechos. Desde que el masismo irrumpió en el poder ha congelado y paralizado la institucionalidad del SIN, al liquidar ese cuerpo colegiado que era el Directorio y rellenar con absolutos poderes a un presidente que actúa de manera unilateral y arbitraria a la hora de regular la aplicación de impuestos. 

Debo admitir que esta percepción demoníaca de nuestro sistema tributario no es casual ni es nueva, es parte de la historia de la humanidad. A ningún ser humano le gusta pagar impuestos y menos a aquel que no recibe nada a cambio, peor si una parte de las recaudaciones son utilizadas por los poderosos para solventar sus vicios y delicadezas. Peor si el líder cocalero utiliza un helicóptero y no los autos oficiales, para recorrer 20 cuadras a un costo pagado con los impuestos. En cualquier país civilizado este hecho resulta siendo un insulto a la inteligencia. Mientras los cocaleros, cooperativistas, transportistas, ganaderos, cañeros, minoristas, contrabandistas, gremialistas y otras estirpes sostengan al gobierno, a cambio de sus liberaciones groseras; la igualdad tributaria seguirá ardiendo en este infierno fiscal a costa de unos contribuyentes que han sido presionados contra los límites más perversos. El principio de igualdad debería ser: Aquí pagan impuestos todos o nadie. El Presidente del SIN no está en condiciones de ratificar públicamente este principio y menos los otros que sostienen la política fiscal boliviana. Ha llegado la hora de escuchar a los contribuyentes de verdad, esos demonios a quienes tanto temen el gobierno y sus servidores. Cuidado, a veces los infiernos crecen y los diablos se multiplican.

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