Huracán Ramírez

Todos los que fueron niños o adolescentes en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado deben recordar a los famosos luchadores mejicanos que pasaron con su espectáculo por varias ciudades de Bolivia. No hay que hacer un esfuerzo para invocar a los enmascarados Blue Demon, El Santo, Huracán Ramírez, entre otros. Se trataba de la “lucha libre de exhibición” que tenía como principal objetivo el entretenimiento de las masas con mucha acción y variadas escenas de los combates cuerpo a cuerpo; y como los resultados estaban previamente concertados, no faltaban unos toques dramáticos y humorísticos, muy rudimentarios. En estas escenas violentas, uno de los luchadores, generalmente encarnaba el papel de “malvado o malo”, y tenía que utilizar una serie de “llaves” simuladas para sacarle los ojos al enemigo, retorcerle los huesos y otras técnicas ilegales siempre para infringir daño. En cambio, el “buenito” era el luchador que respetaba las reglas y hacía alarde de su honestidad ganándose la simpatía de los espectadores. Algo parecido hemos vivido en días pasado al ver, con espanto, los resultados del proceso penal por corrupción pública contra el ex Presidente de YPFB, Santos Ramírez.

Muchos dedos están señalando al partido de gobierno como el cuadrilátero en el que se están librando unas luchas internas contaminadas con afanes de venganza, envidia y odio entre los propios dirigentes de gobierno. No queda duda que fueron los propios masistas que llevaron a Santos Ramírez a la cárcel, dejando un vacío en el tablero que tiene que ser urgentemente copado por, obviamente, otros actores del cambio socialista y comunitario.

No deja de preocupar el hecho de que al interior del MAS existen demasiados enmascarados que se están enfrentando cuerpo a cuerpo, sólo por dinero y poder.  Alguien ha diseñado la conjetura que señala al profesor Ramírez y su grupo como los denunciantes contra los altos jerarcas del politburó de Palacio Quemado y su vinculación delictiva con los camiones cargados de contrabando en Pando. En venganza los políticos contrabandistas habrían iniciado unos actos macabros para destapar los hechos criminales que afectaron tan mortalmente la imagen del ex Presidente de YPFB.

Esta lucha libre de exhibición ha puesto en una situación seria a los inquilinos de Palacio Quemado, ya que voluntaria y violentamente se dividieron entre aduladores o detractores del profesor Ramírez, entre neoliberales y comunistas, entre buenos y malos, entre mentirosos y francos, entre corruptos e insobornables. El paso del escándalo en YPFB ha provocado los mismos daños desoladores que deja un huracán y en ese paraje arruinado sólo se ve a Evo Morales y todo su grupo selecto afinando las “llaves” para liquidar al siguiente masista que ose ingresar con esta guerra de envidias y venganzas que está dando fin con los intestinos del MAS. En resumidas cuentas, todo vale en la lucha libre; auque sea para purgarse.

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