Hoy, en las urnas, se entierra a la corbata

En varios países, especialmente europeos y asiáticos, ya ha tomado forma el movimiento laboral que abre la posibilidad que los empleados públicos no estén más obligados a usar corbata. Esto en nuestro país no es novedad, ya que de forma alarmante un 90 % no la usa para trabajar. Ya son cuatro años que el presidente de los bolivianos decidió responder a esa gran mayoría y prescindió oficialmente de la corbata como símbolo de distinción, ganándose el aprecio mundial por esa decisión.

Los que nos gobernaron desde 1825 con Simón Bolívar, hasta 1952 con Víctor Paz E., usaron de forma exclusiva dos atuendos oficiales. En este primer periodo republicano fueron el uniforme militar de gala, con todos esos cordones y charreteras para los presidentes militares; y el frac para los abogados, engalanado con un moño blanco. Para la segunda etapa republicana las charreteras siguieron figurando en las fotos oficiales hasta 1982 con el advenimiento de la democracia, cuando el presidente de facto Guido Vildoso fue el último en portarlas; pero la corbata fue el común denominador hasta 2005, cuando el presidente Rodríguez Velzé la uso de forma póstuma. Desde ese entonces Evo Morales ha dado un golpe de muerte a la corbata, como un insignia imperialista decadente; y dentro la lógica oficialista, en estas campañas electorales, todos los candidatos, incluidos los conservadores y los social demócratas, han mostrado sus imágenes con vestimentas más livianas, pero sin corbatas. En este tema el proceso de cambio ha calado muy profundo.

Si el actual presidente no la usa ¿con qué razón se puede exigir al funcionario público el uso obligatorio de camisa y corbata?. Es que la nueva Constitución Política del Estado destaca lo antiimperial y destruye lo discriminatorio republicano; y será la corbata la primera víctima en su feroz consumación. En este plan de largo plazo que Evo Morales ha propuesto, se encuentra la eliminación de todos los símbolos de la frivolidad en la que cayeron sus antecesores republicanos. Morales nos enseñó que la corbata dejó de ser una insignia de formalidad oficial, porque se la pusieron hasta los delincuentes, incluidos los gubernativos. Es que las poleras de uso presidencial o esas camisas con diseños autóctonos no le han restado habilidad y eficiencia para encarar la política, con la complicidad de los sagaces opositores que escudaron sus debilidades morales detrás de ese poderoso trozo de tela.

Parece que vestir con chamarra, camisetas, jeans y tenis resultará siendo el futuro formal del boliviano medio y del funcionario público en general. La corbata ha muerto y queda su entierro al que hoy asistiremos, junto con todos los emblemas republicanos, como la libertad y el estado de derecho a los que estábamos acostumbrados. Hoy, día de elecciones, se abre un nuevo periodo histórico, con algunos detalles fúnebres que es preciso olvidar.

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