“Hacen mierda a nuestros jóvenes”

Así insultó a los narcotraficantes el presidente argentino Mauricio Macri, el viernes pasado. Diciendo esto fue ovacionado por sus seguidores en un evento de campaña electoral en la provincia de Mendoza. «Queremos… enfrentar el narcotráfico como lo estamos haciendo, sin miedo, sin complicidades queremos enfrentar el narcotráfico como lo hacemos» y agregó: «Vamos a echarlos a las patadas de la Argentina, porque destruyen nuestras familias… no hay excusa para ningún político, ningún juez, ningún fiscal, a ser cómplice de ello». Momentos antes en la ciudad de Guaymallén, Mendoza y en los escenarios de la cumbre del Mercosur, Macri y el presidente boliviano Evo Morales conversaron sobre la cooperación bilateral para hacer frente al narcotráfico.

No me imagino qué es lo que estaría pasando por la mente del presidente Morales, durante la conversación que sostuvo con el presidente Macri; pero esta conjetura  puede resultar válida: el presidente cocalero ha tenido que disimular con hipocresía un vendaval de “mea culpa” respecto de los jóvenes argentinos adictos a la cocaína. Macri o cualquier mortal medianamente informado saben a ultranza que la Argentina está inundada de cocaína chapareña; así como todos sabemos que durante una década el gobierno kirchnerista ha financiado su permanencia en el poder con dinero sucio de hechos delincuenciales estimulados por el narcotráfico, especialmente aquel que trafica con coca y cocaína del Chapare.

Creo que el presidente Morales no ha sido sincero con Macri, a la hora de comprometer su cooperación para luchar contra el narcotráfico, si en Bolivia, entre 2015 y 2016, la superficie cultivada con coca se incrementó un 14% de 20.200 a 23.100 hectáreas, tal como detalló el representante de la Oficina de las Naciones Unidas para el Control las Drogas y el Delito (Unodc) en Bolivia, Antonino de Leo, durante la presentación del documento, el jueves pasado, en la Cancillería del Estado Plurinacional de Bolivia. Peor aún si el 31 % de la superficie cultivada de coca boliviana se planta en el Trópico de Cochabamba, donde sus cultivos se incrementaron un 20%, de 6.000 en 2015 a 7.200 en 2016. Mucho más dantesco el escenario cocalero si se permite oficialmente que los municipios de Colomi, Pocona, Cocapata y Tiraque se integren al circuito del cultivo de la coca y la cocaína, después de los trágicos acontecimientos con los bloqueos cocaleros de esta semana que termina.

Evo Morales ya no puede disimular el lodo, cargado por el narcotráfico y el cultivo de coca para la cocaína, en la imagen gubernamental que ostenta. Las pruebas sobran para confirmar que el Estado Plurinacional de Bolivia se ha colocado el rótulo de narcoestado al legalizar, contra toda racionalidad, el incremento de los cultivos de coca en el Chapare, toda destinada al narcotráfico, ese mismo que embrutece a los jóvenes y adictos de la Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Venezuela, en fin, de todo el mundo.  Pese a este ambiente malsano, no comprendo cómo se atreven algunos servidores públicos para justificar que los cultivos de coca en el Chapare “son nada” frente a los cultivos de coca en Colombia que se han incrementado en un 40% en un solo año, casi duplicando las 90.000 hectáreas hasta llegar a 180.000. Esto es grave.

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