“Flojos de mierda”

Es la frase que han utilizado algunos de los principales ejecutivos de un famoso hotel y una prestigiosa industria de Cochabamba, para increpar a sus dependientes que pecaron por descuido o tardanza en las labores para las que fueron contratados. También los ejecutivos aludidos supuestamente habrían utilizado desprecios como “cochabambinos de mierda”, “cojudos” y otras palabrotas contra sus asalariados. Estos no tardaron en denunciar el hecho ante los funcionarios del Ministerio del Trabajo, que tampoco demoraron para activar la Ley contra el racismo y encausar a los empresarios por estos supuestos actos discriminatorios. Se sabe que algunos de estos ejecutivos agresivos han fugado del país, tan pronto se anoticiaron de las posibles medidas coercitivas que podrían sufrir si se sometían a esos pleitos que regula la nueva ley.

Probablemente los juicios iniciados por estos actos tengan un final a la medida del gobierno, de tal modo que las sentencias finales se conviertan en unos espectáculos mediáticos humillantes con el único objetivo de persuadir a la población para no utilizar el nombre coloquial de “mierda” en cada una de sus contrariedades e indignaciones. “Indio de mierda”, “cochabambino de mierda” o “flojo de mierda” ya no son expresiones que pueden utilizar esos ciudadanos dignos del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, porque mágicamente han sido convertidos en personas cultas y educadas por imperio de la nueva ley. Ahora, más que nunca, mandar a alguien o algo a la mierda; o edificar a alguien a base de mierda puede tener, a parte de un olor propio de las heces, unas consecuencias inconfesables en las mentes y las almas de los delincuentes confinados a los imaginarios gulags masistas, esa especie de campos de concentración para trabajos correccionales a la usanza soviética, que fantásticamente han sido creados para intensificar el terrorismo de estado que hoy padecemos.

Será urgente y necesario poner a los bolivianos y bolivianas detrás de las rejas mediante decreto, porque sencillamente (y esto sí que es verdad) todos y todas, incluidos los trabajadores tildados de perezosos, utilizamos esa expresión vulgar para calificar los errores ajenos y las negligencias de los extraños. Así, basta confirmar que el propio ciudadano presidente ha mandado a la mierda a sus propios colaboradores, no sólo ahora que gobierna, sino desde que es humano y con mayor razón desde que se hizo dirigente cocalero. No han sido pocos los que han aterrizado en mierda por propia boca del mismísimo ciudadano presidente, entonces tendría él que reconocer, como primer ciudadano y respetuoso de su propia ley, que en el pasado sí usaba la expresión vulgar y que ahora no lo hace, de lo contrario estaría quebrantando los valores que el mismo ha impuesto para ser un ejemplo del mejor socialista comunitario de la línea indígena originaria campesina.

En este escenario tan culto y ilustrado, como es el nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, el ciudadano presidente no podría decir que sus ministros son una mierda, porque de hacerlo podría ser sometido a los mismos procesos penales que se están fomentando, mediática y oficialmente, contra unos infortunados ejecutivos de empresa que reprocharon con toda vehemencia a sus dependientes. Así y sin reflexionar estamos llevando las cosas demasiado lejos, y los prototipos del socialismo comunitario pueden perder el hilo y el mapa de ese proyecto tan utópico que pretenden imponernos. Con esta forma de aplicar la Ley contra el racismo, con tanto cuidado y exactitud, la gente se está cansando; y muy pronto todos podríamos mandar a la mierda a nuestro propio gobierno, obviamente con la sutileza del caso. Hasta aquí hemos llegado, siempre en el afán de explotar la ironía.

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