¿Cómo debe comportarse la gente educada el próximo 15 de abril cuando se levante la cuarentena? Yo le diría que se comporte como cualquier persona sensata, cumpliendo las limitaciones que la inteligencia y la racionalidad imponen. Usar el barbijo, tener a mano un desinfectante, evitar las aglomeraciones y respetar (hacer respetar, también) el distanciamiento mínimo entre personas. Quizás estos detalles hagan lucir a un cochabambino educado frente a uno menos cultivado.
He sido testigo de que la chusma y el lumpen del comercio minorista han tirado por la borda cualquier esfuerzo por observar rigurosamente las restricciones administrativas que prohíben la circulación de personas y motorizados; peor aún, algunos compradores inmorales y desenfrenados, junto con esta gentuza de los gremiales, se hicieron de cuerpo en el cumplimiento de las medidas sanitarias básicas para la protección colectiva contra la pandemia. Allá ellos con su indisciplina, pero también las autoridades administrativas han fracasado en su intento de hacer cumplir esas restricciones, mucho más si pretenden militarizar el país contra la indisciplina.
Sé que muchos de ustedes no estarán de acuerdo conmigo, pero yo creo que el 15 de abril es la fecha ideal para volver a la normalidad; pero, eso sí, levantando las restricciones de forma ordenada en los espacios y programada en el tiempo. Ojalá podamos acordar que todo esto se haga de forma civilizada y no militarizada. Con esto quiero decirles a mis lectores que con el ejercicio razonado de la disciplina, como prioridad, los sensatos podríamos inyectar una buena dosis de ejemplo entre la gente poco educada, haciendo esfuerzos para enseñarles que contra el Covid 19, no hay opciones, sino solo prioridades.
Este ascetismo y las privaciones que como todos los confinados he soportado estos últimos 20 días, me han reenseñado y yo he reaprendido que las restricciones no son mejores que la autodisciplina. Creo que las regulaciones generalmente aceptadas sobre la sanidad, la separación personal y el alejamiento de las aglomeraciones son la clave contra la pandemia y para volver a los quehaceres ordinarios. ¿Es demasiado pronto? Algunos me dirán que sí, culpando a la indisciplina de nuestros incivilizados e incultos; gente nuestra que le vale un comino la salud colectiva; pero aun así ya tenemos que ir pensando cómo arreamos esa grey.
Con urgencia el Consejo Municipal tiene que aprobar una ley en sintonía con esas regulaciones aceptadas por todos, como por ejemplo: si en esas latas de sardinas, mal llamadas trufis, antes entraban embutidas seis personas, incluido el “chofer sindicalizado”, ahora caben solo cuatro, incluido ese ser. Simplificando: un trufi, tres pasajeros (Ya estoy escuchando los berridos de los dirigentes para incrementar el precio del servicio). Otro ejemplo: Separar a los comerciantes minoristas en los mercados populares o numerar sus puestos para que un día atiendan los pares y otro los impares, pintado círculos frente a los puestos para limitar las distancias entre compradores y vendedores. Esta es la mejor oportunidad para eliminar de cuajo a los comerciantes que trafican en las calles. Miles de ideas civilizadas existen, pero por mala suerte sé que ninguna funcionará porque el alcalde tiene un pacto irrevocable con los gremiales y los transportistas que impiden cualquier atisbo de modernidad. En otras palabras estoy exhortando a los cochabambinos honestos a que despojemos a los inciviles de su patrimonio ilegítimamente secuestrado: nuestra ciudad.


