El Concejo Municipal de Cochabamba aprobó el gasto de 10 millones de bolivianos para que el Alcalde atienda la emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus. Los concejales determinaron que las erogaciones deben respaldarse de forma transparente y con documentos fehacientes. No sé si fue por una formalidad legal o por una desconfianza forzada, pero José María Leyes debe dar aviso y comunicar todos los desembolsos y justificativos al propio Concejo y a la Contraloría General del Estado. Que mala suerte de los cochabambinos, es que viven con Jesús en la boca cada vez que el burgomaestre tiene que gastar cualquier centavo de las arcas municipales, por muy altruista que sea la necesidad que haya que cubrir.
Ya desde mediados del mes de febrero, me ha dejado perplejo el entusiasmo desbordante del Alcalde ni bien recapturó la silla edil. Quería comprar todo y más aún cuando la enfermedad por el coronavirus explotó en China y comenzó a pintar una tragedia pandémica en nuestro campanario. Seguramente el Alcalde recibió el dato de algún eximio asesor de que si llegaba la enfermedad a esta ciudad, los muertos y los contagios se iban a contar más allá del doble que los casos en Wuhan. Exageraciones que justificaron, por ejemplo, las propuestas de adquisición de varios hospitales de campaña a la usanza militar, de termógrafos corporales en 120.000 dólares, de muchos respiradores, todo “sin límite de precio” (sic); y así cualquier alivio en nombre de Dios contra la pandemia. Alguien dijo: Es cosa buena que se compren esos bienes, pero otra cosa es que los compre el Alcalde Leyes.
Lastimosamente el caso judicial que tiene el objetivo de castigar a los funcionarios corruptos y terceros delincuentes que participaron en la adquisición de las mochilas chinas ha inyectado susceptibilidad en toda la población. Han sobrado las bromas, de mal y de buen gusto, que se referían a este caso judicial y que estaban direccionadas al principal implicado: nuestro Alcalde. Lo que tiene que hacer este servidor público es transparentar cada compra y poner todos sus esfuerzos para demostrar que los bienes adquiridos han ingresado en almacenes, verificando la identidad de los encargados y asignándoles las responsabilidades que la ley establece. Ahora y no después, cuando todo esté podrido, como ocurrió en el caso de las mochilas.
Que no sea que cientos de miles de barbijos adquiridos se repartan entre mil personas con las cámaras de televisión por delante; y los demás se esfumen o retornen a los almacenes para justificar una segunda compra. Desde esta columna le recomiendo al Alcalde que tome todas las previsiones para que las adquisiciones no tengan manchas. No debe olvidar este personaje que tiene demasiados enemigos, y como su suerte no es de las mejores, las denuncias de corrupción en cualquier oficina municipal le salpicarán, porque las facturas políticas que ha pagado incluyen la repartija de ciertos puestos claves a gente malhechora, que ahora se empotraron con el disfraz de servidores municipales. Sería un evento muy desgraciado si se conocen denuncias de corrupción pública en el intento de combatir la pandemia.
Lo peor de todo es que la pandemia no espera. Es urgente que el municipio haga las compras necesarias para proteger a la población en esta emergencia, pero más importante en este caso es documentar y certificar cada adquisición. Me da pena afirmar, pero entre los estrechos colaboradores del Alcalde, medran varios autores expertos en falsedades materiales e ideológicas. De ellos debe cuidarse, porque serán quienes esparzan los palitos alevosos. Ya depende del Alcalde si los pisa o no.


