Evo, the peacemaker

The peacemaker (el pacificador) es el mejor calificativo que encontraron Pérez Esquivel y Rigoberta Menchú, en la carta presentada al Storting noruego, para destacar la personalidad de Evo Morales como postulante al Premio Nóbel de la Paz.  Evo será un gran pacificador fuera de casa, pero cuando está dentro es todo lo contrario. La violencia es sinónimo de Evo Morales, no desde el jueves 11 de enero, sino desde siempre.

Hacia el Palacio Quemado es que todos apuntan con el dedo índice, cuando se les pregunta dónde se gestan los problemas virulentos del país.  Es ahí donde los artífices del totalitarismo diseñaron y comandaron la movilización de cocaleros, el incendio de la Prefectura y el cerco a Cochabamba; la toma de la Plaza de las Banderas del miércoles 10, y el choque irascible y fatal del jueves 11 de enero; la violencia contra los periodistas, las constantes amenazas contra la libertad de expresión y, entre otras acciones malevas, la articulación de grupos de cocaleros que propagaron amenazas y actos encolerizados en plena vía pública contra ciudadanos de a pié, días antes de la explosión brusca de los cochabambinos.  ¿Quién es el pacificador y quién el bárbaro?

Muy lejos de la pacificación, lo que el gobierno quiere es infundir miedo y provocar que muchos honestos ciudadanos reaccionen crudamente y salgan de sus fueros. El miedo es una peculiaridad que se ha agregado a la sociedad boliviana en las dictaduras y en la democracia; pero como nunca, el miedo está tan difundido en la población, que ha llegado a contaminar hasta los más valientes.

Evo Morales y Álvaro García han escogido la mejor arma de dominación política y de control social para instituir una dictadura: el miedo y la intimidación a través de los movimientos sociales. El uso político del miedo desde Palacio Quemado, persigue el control de la población boliviana en torno al discurso del poder popular, el gobierno de las mayorías y la satanización de la democracia occidental.  Es por eso que en días pasados el aparato propagandístico gubernamental ha incidido en esos falsos escenarios de inseguridad ciudadana que se reflejarían en la “peligrosa” continuidad de Reyes Villa al mando de la Prefectura de Cochabamba y el “amenazador” apoyo a la democracia y a la libertad que ha unido al pueblo cochabambino.

El gobierno está amañando conciencias crueles y cocaleros sañudos para infundir miedo.  ¿Así construye la paz un peacemaker?. Lo peor de todo es que la sociedad boliviana está facilitando este proceso totalitario, creyendo cada mentira sobre las bondades y honestas acciones de la “dictadura socialista del siglo XXI.”. 

Si el premio Nobel de la Paz es para los que infunden miedo y organizan choques violentos entre ciudadanos, bien lo merece el gobernador boliviano.  Lo que no se podría creer es que la academia noruega haya cambiado aquella visión de la paz, que el inventor de la dinamita había instituido a la hora de crear el premio. ¿En qué pensabas, don Alfred Nobel?

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