¿Estar libre o ser libre?

Quiero matizar este domingo con algunos colores. Sin que le conste nada a la ciudadanía de este triste campanario, parece que el alcalde del casco verde ha recobrado su libertad y también sus atribuciones administrativas, después de que un tribunal de jueces azules revocara la detención domiciliaria a la que estaba sometido. Es que esta noticia, transmitida por la prensa amarilla muy volcada al sensacionalismo, ha reflejado una mueca muy deteriorada y desdibujada del alcalde en libertad. Me extrañó esta imagen, porque he visto a un hombre muy atormentado y triste, con un rostro muy diferente al que solía fingir con una sonrisa demasiado artificial en todos los letreros publicitarios, clavados en cada una de las obras ideadas por otros, y que empujaban a cultivar la personalidad del burgomaestre.

La tristeza y el tormento que embargan al liberado alcalde, sin duda alguna, me hacen suponer que está libre formalmente y que este beneficio no le durará más allá del atardecer de mañana lunes. Si ahora es libre judicialmente dentro de uno de los casos de corrupción que le agobian, de pronto no lo será en otro similar en el que también se encuentra involucrado directamente. En otras palabras, no será libre mañana, porque otros jueces azules le mandarán al lugar donde ha estado recluido este último semestre o quizás a una celda. Tanto los correligionarios y fanáticos seguidores del alcalde liberado, así como sus abogados están absolutamente conscientes que la libertad tan laboriosamente lograda, carece por sí misma del efecto reparador de derechos, así como todos ellos saben que el sólo hecho de estar libre no le ha producido algún efecto favorable en el estado de ánimo del alcalde procesado, menos él está  convencido de que esa libertad de verdad le beneficia. No solo por la sospecha fundada de que volverá a ser detenido, sino porque los operadores de justicia están enredando sus expectativas y aspiraciones más básicas.

Un asambleísta del partido político Demócratas, después de celebrar muy tangencialmente la libertad de su líder, dijo: “Empezamos a cobrar un poco de confianza en la justicia boliviana”. ¿Poco de confianza? No creo que este personaje esté en sus cabales para exaltar públicamente semejante convicción en la institución menos confiable del Estado. La vitalidad de la democracia y la integridad del Estado de Derecho se fundan en la independencia y el respeto a las decisiones judiciales, características estas que son absolutamente ajenas e inexistentes en Bolivia, ese triste país constituido en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario. En medio de esta incertidumbre tan humillante sólo queda afirmar: el alcalde de Cochabamba no está libre y menos es libre.

Quiero ser claro. Como si no fuera suficiente soportar a los políticos corruptos, hay que tolerar a los jueces bolivianos azules. No he encontrado otro calificativo para reflejar su total sometimiento a Evo Morales. Por esta razón, no pueden los juzgadores jactarse de una independencia que no la ostentan. En Bolivia no existen jueces libres del amparo masista. Si esta afirmación mía mella la dignidad de algún juez, antes de recriminarme sería bueno que haga un examen de contrición y recuerde la gran cantidad de visitas y telefonazos que debió haber realizado sólo para lograr su designación. Es lamentable, pero todo esto se sabe y le priva de confianza al Órgano Judicial en su conjunto.

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