Entre espiar y no espiar, es mejor espiar

En días pasados nos enteramos que el gobierno, a través de la oficina de inteligencia de la Policía Nacional, estaría acechando a varias personalidades del mundo de la política, especialmente los prefectos, algunos dirigentes cívicos, y otros hombres y mujeres de la oposición.  Ni los mismos masistas se salvaron.  Esto no debe preocupar a nadie, un gobierno que espía subrepticiamente a sus amigos y enemigos es un buen gobierno. Hace a la seguridad del Estado tener la información correcta y mantener en la mayor ignorancia posible a los demás sobre estas intenciones de la autoridad  Hay que saber todo sobre la vida, las tentativas y debilidades, más los milagros de los enemigos Para realizar esta tarea es imprescindible que el mismísimo Estado se muestre ante la opinión pública con una imagen de total corrección y eficiencia, manteniendo las manos limpias y con un civismo impecable, cosa que no ha ocurrido en el presente caso.

Ya que se destapó la olla, y todo quedó al descubierto, corresponde reflexionar sobre la eficiencia de los delatores gubernamentales, porque ellos se pusieron en evidencia y nos mostraron las cartas con las que juegan para espiar, chantajear y denigrar.  Lo que si debemos tener en cuenta y entender entre líneas, es el mensaje de Evo Morales para que todos sepan que vigila y controla, infundiendo el terrorismo de Estado.  Los enemigos sí lo saben, pero los amigos y fieles al MAS, que resultan siendo los mas peligrosos, están advertidos de que el jefe máximo también desconfía de ellos.

Un dirigente de la oposición al saberse espiado, con absoluta candidez, dijo que no le molestaba que le olfateen, lo que le indignaba es que lo hagan unos oficiales cubanos y otros venezolanos. Como siempre hay que insistir en la pérdida de vergüenza del Estado a la hora de cumplir hasta con este tipo de tareas.  En este país son los extranjeros quienes curan nuestras diarreas, reparan la vista de nuestros ciegos, nos espían y vigilan.

El ratificado comandante de policía, conservando su propio prestigio, ha confirmado que “no conocía” de los afanes en los que se encontraba la policía, pese a que los fisgones descubiertos reafirmaron que contaban con su autorización expresa.  Por otro lado, es de sospechar que este escándalo esta digitado por completo, sólo con el fin de demostrar la actitud celosa de la institución verde olivo frente a la decisión presidencial de gastar 25 millones de dólares para reforzar y modernizar el departamento de inteligencia de las fuerzas armadas.  La policía quiere una cantidad de dinero igual para gastar en lo mismo; y la mejor manera de demostrar esa necesidad es descubriendo estas falencias de seguridad y reserva con las que conviven nuestros espías chambones. Lo cierto es que está en marcha un proceso infrenable de sofisticación de los métodos e instrumentos de acecho, con el fin de incrementar la vulnerabilidad de todos los bolivianos, sin excepción, ante el todopoderoso gobierno.

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