En el censo sólo se cuentan cabezas

Los niños que disfrutaron en vida la segunda mitad del siglo pasado nunca olvidarán el cuento ese de que el emperador romano César Augusto ordenó censar a todos los habitantes de su extenso imperio para saber el número exacto de súbditos. Este empadronamiento se hizo por familias que debían acudir al lugar de donde era originario el cabeza de familia. Como María y José eran naturales de Belén de Judá, se dirigieron a esta pequeña aldea desde Nazaret, donde vivían. En ese tránsito censal llegaron a Belén y ahí fue donde nació Jesús, pero los historiadores tienen algunos argumentos válidos para afirmar que el censo formado durante el imperio de Augusto no se materializó en la época del nacimiento de Jesucristo; además, los judíos no estaban comprendidos en ese censo, sencillamente porque no eran ciudadanos romanos. Pero todos los datos apuntan a que Quintilio Varus, gobernador de Siria en ese entonces, ordenó imponer un “tributo por cabeza”, previo empadronamiento, en el lugar de nacimiento del jefe de cada familia judía.

Muchos siglos después de Jesús, el gobernador de La Paz, César Cocarico, pidió a los paceños que retornen al departamento de origen para el 21 de noviembre próximo, día del censo, con el fin de evitar que Santa Cruz reciba más recursos a costa de las cabezas de los paceños migrantes y residentes habituales en ese departamento. También muchos paceños están siendo atraídos por avisos publicitarios pagados por algunos municipios que desde el advenimiento del masismo han disminuido sus poblaciones por las emigraciones. El trasfondo de estas convocatorias desesperadas no está ligado con la cantidad o calidad de los “mestizos” que deben volver a sus lugares de origen para pagar impuestos, sino con dos razones preocupantes.

Primera: los municipios inválidos y mutilados por las emigraciones han renunciado a cobrar tributos de manera eficiente; y con el mínimo esfuerzo tan sólo pretenden recibir subsidios y recursos de coparticipación de los ingresos tributarios nacionales que se asignan por cabeza (per cápita), como manda la Ley de Autonomías.

Segunda: los departamentos y los municipios con altos índices de emigraciones se están preparando para dar la madre de las batallas en el momento exacto en que la Asamblea Legislativa Plurinacional, luego del Censo Nacional de Población y Vivienda, les disminuya los escaños para diputados y asambleístas correspondientes a las circunscripciones uninominales, plurinominales y especiales indígena originario campesinas; y también cuando el Tribunal Supremo Electoral modifique y actualice los mapas de las circunscripciones uninominales y especiales, precisamente cuando se actualicen los datos demográficos como resultado del censo.

Lastimosamente, estas dos son las razones cardinales para que las autoridades de muchos municipios y departamentos del país emprendan esta innoble tarea de distorsionar los datos del censo, corrompiendo a los empadronadores y provocando el retorno momentáneo de los ciudadanos a sus lugares de origen sólo con el fin de contar con sus cabezas y así recibir recursos públicos sin esfuerzo alguno; y al mismo tiempo mantener el número de diputados o asambleístas suficiente de tal modo de perpetuar algunos escaños para que los ocupen esos parásitos de siempre que andan canturreando glorias pasadas y chantajes caducos. Los que creyeron que ser mestizo era un tema importante en este censo deberían ya gritar su desilusión. En fin, lo que cuentan son las cabezas, tanto en ganadería como en política.

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