Empresarios coimeadores

En Argentina se van descubriendo las aristas más inverosímiles del escándalo originado en los “cuadernos de la corrupción” o los “cuadernos de las coimas”, utilizados sin miedo por los servidores del kirchnerismo, en los que se registraban con detalle los pagos de coimas por empresarios a ex funcionarios kirchneristas para beneficiarse de contrataciones estatales de bienes y servicios. El pasado jueves, el presidente argentino, Mauricio Macri, participó de la inauguración del encuentro anual de la Asociación Empresaria Argentina y se refirió de manera contundente a la corrupción kirchnerista, dejando un enérgico mensaje: “Yo no tengo pensado hipotecar mi gobierno ni el futuro de los argentinos para defender a nadie que actúe fuera de la ley”, y llamó a “terminar con los comportamientos mafiosos que ustedes (los empresarios) tienen que denunciar”.

Poco o nada me ha costado aplicar al ámbito empresarial boliviano el mensaje del presidente Macri, también he imaginado que en mi país existen empresarios que pagan generosas “comisiones” (coimas) a funcionarios azules para lograr con privilegio algunas contrataciones estatales, partiendo de la premisa que una buena parte de estos empresarios están asociados a cámaras, federaciones e incluso a la confederación nacional. Nadie en Bolivia está en honestas condiciones para decir que esto no es verdad, menos el presidente Evo Morales, que día que pasa aparece más empantanado con las sospechas de vínculos corruptos con el kirchnerismo; peor aún si de su propia boca salen insinuaciones, jocosas para él, como ésta: “Ahora entiendo perfectamente lo de los campos deportivos, compañero Quecaña. Un Coliseo de 10 millones de bolivianos. Yo le decía ¿Cuánto de Comisión vas a cobrar?”, aludiendo al gobernador regional del Gran Chaco, José Quecaña, masista él.

Queda algo más de un año para elegir democráticamente al próximo presidente de Bolivia y la oposición aún no tiene un plan definido, y menos un discurso que marque los principios y valores elementales para destronar las líneas corruptas de los actuales funcionarios gubernamentales y de quienes los sostienen. Lo lógico es que los políticos opositores enaltezcan cualquier argumento que impugne la corrupción oficialista, con mayor razón si se trata del rechazo explícito a las acciones dolosas de empresarios coimeadores. Más urgente resulta la tarea de los propios empresarios honestos para separarse o distinguirse de los corruptos, incluso en el seno de sus instituciones gremiales. Tengo duda de que esto se materialice, peor si cualquiera se propone denunciar esos “comportamientos mafiosos”, como alude Macri.

Si alguien tiene la idea de derrotar al gobierno de Evo Morales en las urnas, lo mínimo que tiene que hacer es reforzar el mensaje de aislamiento radical de las conductas malevas que caracterizan a este gobierno, por mucho que los empresarios bolivianos sostengan su pulcritud e independencia a la hora de optar por alguna tendencia política. Lo mejor que deben hacer es identificar con sinceridad sus contradicciones, celos, egoísmos y envidias; limpiando sus intestinos a fondo e inmediatamente reducir sus filas sobre la base de empresarios decentes. No debemos olvidar que muchos empresarios dependen de este gobierno corrupto y lucharán para perpetuarlo. Sería un crimen contra la democracia que por codicia los “empresarios coimeadores” estén migrando a las filas opositoras, sólo porque tienen buenas perspectivas de triunfo.

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