El suma qamaña del narcoamauta

En 2006 el canciller Cochehuanca escogió al mejor amauta para que le entregara el bastón de mando tiahuanacota al nuevo presidente Evo Morales. Cuatro años después de esta escena bucólica, ese amauta fue sorprendido purificando cocaína en su casa, aliado con otros delincuentes colombianos. El Concejo Nacional de Amautas de esta región del Kollasuyo ya ha desconocido al narcoamauta y ha aplaudido la decisión vicepresidencial para que sea juzgado y condenado ante la justicia ordinaria. El valor en metálico de esos 240.000 gramos de cocaína incautados, si hubieran sido puestos en el circuito del vicio, hubiera materializado los más íntimos deseos egoístas del pobre amauta. Si esta es la forma de cristalizar uno de los principios ético morales del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, como es el vivir bien (suma qamaña), la nueva Constitución Política está fundada en un embuste.

El amauta con ese dinero hubiera vivido bien, pero ha podido más la política gubernamental que se ha diseñado para deshacerse de los amigos del presidente y de todos sus afines que tanteen con el delito. Evo Morales se ha dado cuenta que tarde o temprano sus amigos le traicionarán; y los primeros en abandonarle serán los que han recopilado muchas muestras de envidia, nos referimos a esos amigos que no están pudiendo acceder a los círculos de poder o no están explotando económicamente el poder como anhelarían. En la semana que termina un viceministro resultó implicado en una maquinación con armas para extorsionar a los menonitas, arreglada por un súbdito alemán muy ligado a las altas esferas de gobierno. El funcionario ha tenido que ser alejado del cargo y colocado a dos palmos de un incendio político que, para el gobierno, será muy difícil de apagar. Es que si había dinero de por medio, los beneficiarios de la trama extorsiva tenían en mente, del mismo modo, vivir bien; y como buenos patricios del masismo no querían estar ausentes de esas vidas llenas de lujos, despilfarros y esplendores, que sólo el poder otorga a quienes están vinculados con los nuevos parámetros de la rapacidad y la acumulación desmedida. Entonces, queda claro que el vivir bien, como principio ético moral, puede conducir a los actores del cambio por caminos alejados de la ley y las buenas costumbres.

Parece que el presidente Morales y su vicepresidente García tienen una visión madura sobre el manejo del poder; y sin duda que en sus almas no existen esos sentimientos de gratitud hacia sus súbditos, lo cual les permite gobernar con mucha flexibilidad, haciendo invivibles las relaciones con sus amigos y aliados groseros. Ellos sólo exigen a las gentes que ha recibido favores políticos, fidelidad y lealtad inquebrantables; pero lo que no les pueden ofrecer es riqueza y/o seguridad. Sólo hay que revisar la historia reciente para reconocer que el caso Santos Ramírez estaba ya agotado por la codicia, así como los casos de otros altos dirigentes masistas, enviciados por el mismo pecado capital, que ya fueron expulsados del proyecto a causa de sus deseos insaciables por vivir bien. Con lo del narcoamauta se ha ensartado otra cuenta más al rosario de gentes masistas que se esforzaron para enmascarar sus rasgos más desagradables, con el fin de enriquecerse con mucho egoísmo.

Tal vez el vivir bien para los masistas no sea un principio ético, sino una forma de acomodarse en sociedad. Ya deberían los dos principales dignatarios del Estado Plurinacional explicarnos a todos los bolivianos y bolivianas, con mucha franqueza, qué significa suma qamaña, porque en el intento de vivir bien el MAS se puede quedar sin militantes; y su gente puede perder el sentido de lo que simboliza el cambio.

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